La diferencia fue Marcelo Gallardo. La habilidad y la inteligencia del mediocampista fueron las claves para que el --últi-mamente-alicaído River se reencontrase con su fútbol y consiguiera un amplio triunfo ante San Pablo. Resultado que acre-cienta sus posibilidades para seguir en la Copa Sudamericana.
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Gallardo primero marcó un golazo (dejando cuatro defensores brasileños en el camino) en una jugada en la que mostró habilidad, velocidad y potencia. Después, cuando el equipo volvía a dudar de sus propias fuerzas por el empate afortunado de San Pablo, conectó un tiro libre que se desvió en Luis Fabiano para marcar el 2 a 1. Pero, además, en los 53 minutos que jugó fue el conductor del equipo y se mostró siempre libre para recibir y tocar al compañero mejor ubicado.
También es cierto que en todo el equipo se vio otra actitud: la de pelear la posesión de la pelota con mucha fibra, y hubo actuaciones destacadas como las de Rojas, Ameli, Pereyra y Maximiliano López.
San Pablo fue un equipo con demasiadas precauciones ofensivas, que fracasó en defensa (le marcaron tres goles y, de tener más precisión Montenegro, le hubieran marcado alguno más) y que sólo buscó atacar cuando iba perdiendo. Sobre el final, tuvo dos situaciones claras para descontar y las desaprovechó.
River sueña con ganar la Copa Sudamericana para contrarrestar el torneo Apertura que, casi con seguridad, ganará Boca y anoche dio un paso importante (sobre todo, en lo futbolístico) para poder lograrlo.
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