Los sindicalistas ganan más privilegios. Ayer, hubo un intento en el Senado de derogar la reforma laboral. No tuvo éxito (por ahora). Sí los senadores aprobaron la ley que modifica el régimen de monotributo. Cayeron en la trampa que, previamente, varios diputados de origen gremial impulsaron al modificar el proyecto original. Algunos, tarde, se dieron cuenta del mal provocado a los contribuyentes y adelantaron que reclamarán veto de la norma a Néstor Kirchner. El ardid consiste en exigir a 200 mil contribuyentes, que se verán prácticamente obligados a optar por el monotributo, que destinen su aporte a una obra social gremial (exclusivamente). Además, embolsarán las alícuotas correspondientes de los contribuyentes en mora (unos 380 mil) que podrán acogerse a un plan de facilidades. Todo esto redunda en un ingreso extra de $ 20 millones mensuales a las cajas sindicales -$ 240 millones al año-, lo que triplicaría el ingreso que ya venían recibiendo con el régimen impositivo anterior.
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Según los cambios introducidos a la ley, las obras sociales sindicales concentrarán la afiliación de todos los monotributistas al impedir el traspaso a entidades profesionales o empresarias.
En el Congreso, algunos senadores fueron alertados por esta «picardía» y ya adelantaron que pedirán al Ejecutivo el veto del artículo que introduce la modificación. Incluso, fuentes del Palacio de Hacienda adelantaron también que le pedirán al presidente Néstor Kirchner que frene este cambio antes que termine su reglamentación en el primer trimestre de 2004.
Todo comenzó cuando el gobierno envío al Congreso un proyecto de ley que preveía un plan de facilidades de pago para los empresarios monotributistas y, además, introducía modificaciones respecto de las modalidades de inclusión de éstos en el Sistema Nacional de Obras Sociales.
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