La verdad, aburre hablar de si el Dow marca o no un nuevo máximo histórico. En la obligación de hacerlo, el punto no es si el Dow cierra encima de la línea de 11.722,98 puntos. En cualquier caso, esto no sería más que un incidente estadístico (de hecho, apuntalado por Intel, Caterpillar y especialmente General Motors, siete minutos después de la apertura y quince antes del cierre se superó este valor). El punto es qué pasa a partir de entonces. El 10 de octubre Alcoa arrancaría la nueva temporada de balances. Con el aluminio 22 por ciento debajo de sus recientes máximos; el crudo, 17%; el cobre, el níquel y el zinc, 13%, etc., es claro que serán varias las cotizantes con no tan buenos resultados.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
En otro frente, declaraciones como las que tuvimos del presidente de la Fed de Richmond, preocupado por el peligro inflacionario mientras que el de la Fed de Kansas afirmaba que la economía se está frenando, no hacen más que reflejar el nivel de confusión que existe sobre el estado de "lo macro".
Los menos de 1.500 millones de papeles operados ayer en el NYSE y los casi 8.000 millones de dólares que se "desinvirtieron" de los fondos en acciones durante julio y agosto (los fondos globales recibieron en ese período más de u$s 13.000 millones) hablan de la naturaleza de quienes están impulsando la actual suba y del interés que ésta despierta.
El hecho de que, a pesar de la baja del petróleo, el Promedio de Transportes esté 10,65 por ciento debajo de su máximo de mayo, no hace más que confirmar -siguiendo la versión tradicional de la teoría Dow- que podremos marcar un récord tras otro, pero que estamos lejos de aquello que se suele llamar un "bull market".
Con el Dow trepando ayer 0,25%, a 11.718,45 puntos, es claro que el mercado no está mal, pero esto no garantiza nada a futuro. Lo mejor del día: que haya salido a la luz el bochornoso comportamiento de los directivos de HP (por capitalización, la mayor empresa tecnológica del mundo).
Dejá tu comentario