Nada pudo ayer ser más relevante y destacable en un comentario que la paupérrima actividad para las acciones ordinarias de Argentina: del total recaudado, casi $ 40 millones, $ 33 millones tomaron la senda que lleva a los «certificados» foráneos. Ergo, aunque usted no lo crea, el caudal para los papeles locales -unos 60 títulos operados- resultó de 7 millones de pesos. Y esto se reitera, porque ya había resultado el dato relevante de la rueda previa, las jornadas finales de julio mostrando una sequedad de canales que alarman. Lo demás, ante ello, es aleatorio y solamente proclive a andar las acciones como hojas al viento: cambiando hacia cualquier dirección. Y se vio en la víspera, donde el toque justo sobre la plaza de Pérez Companc resolvió un signo que estaba para menos, se volvió para más y predispuso todo, como para que en el remate del mes se mejoren los indicadores que tiñen las carteras, con las variaciones mensuales.
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La empresita fundada por esta columna está de moda, es la que mejor se acomoda -tal su nombre- a condiciones actuales de plena iliquidez. Volviendo al punto inicial, pensando en solamente $ 7 millones, para 60 sociedades cotizando, el promedio aterra. Y si se sabe que en PC se concentra casi la mitad del total, las otras 59 son como peces: viviendo afuera del agua. Todo duele en el entorno, lo de Uruguay se puso feo. Y aquí no hay plata, para nada...
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