Está descontado que, antes o después de ser elegida, Cristina de Kirchner -entre otras medidas y «cambios», como promete su propaganda- modificará el cuadro tarifario de los servicios públicos que durante años mantuvo bloqueado su marido. Y, como corresponde a quien se desvive por los sectores más desprotegidos, la iniciativa para subir los precios de luz y gas será discriminada: pretende que ese nuevo costo sólo lo asuman los barrios ricos (los que, además, votaron en contra del oficialismo en la última elección capitalina). Nadie sabe aún cuál será la forma para distinguir esos incrementos barriales, ya que en algunas áreas presuntamente residenciales también se aloja gente de clase media que ha padecido los rigores inflacionarios y carece de la disponibilidad de los sectores más holgados económicamente. En eso deben trabajar los equipos, hasta ahora poco conocidos, de la candidata, que ayer se proclamó hegeliana y levantó otra vez la bandera de la Tercera Posición. Perón vive.
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