Economía

Los indultos de Cristina y la libretita de hule negro

Empresarios y financistas que pasaron por Buenos Aires tuvieron sensación de poco. Se esperan definiciones en el Gabinete, lo que depende, en parte, de los nombres que avale la expresidenta.

Hay quienes prematuramente especulan con la posibilidad de un indulto a Cristina de Kirchner. Es facultad del presidente de la República, según el artículo 86 de la Constitución nacional, indultar o conmutar penas. Pero sólo en aquellos casos con sentencia firme, pronunciada en causas federales. Hoy no aplicaría a ninguno de los expedientes que atañen a la vicepresidenta electa.

Pero hay otros indultos, de los cuales se habla menos y que, según se concedan o no, definirán el carácter del Gobierno que asumirá el 10 de diciembre. Son las eventuales gracias que podría conceder Cristina a algunos ministeriables que, por diferencias del pasado, figuran entre los elegidos por Alberto Fernández para integrar su gabinete u ocupar funciones jerárquicas en la nueva administración. Dicen que la lista de réprobos superaría el centenar de nombres y que están anotados en una libretita de hule negra.

El presidente electo tendría ya definidos los nombres para cada cartera de su gabinete. Antes de difundirlos, prudente, espera a que su impulsora y vice regrese de Cuba para consensuarlos, lo que ocurrió ayer . Hasta ahora hay sólo versiones, rumores, mensajes de WhatsApp. La definición, inminente, ocurrirá seguramente en los próximos días.

Por lo que trascendió, la expresidenta objetaría varios nombres y no por razones de idoneidad. Al menos dos, que llevan tiempo en la libretita, podrían ser interpretados como un veto caprichoso a la conformación del futuro equipo de Gobierno. Su destino quizás sea un indicio de por dónde pasa el poder, algo que esperan dilucidar quienes deciden inversiones o deben negociar la inevitable reestructuración de la deuda soberana.

Uno de esos nombres es el de Florencio Randazzo. El exministro de Interior y Transporte de Cristina acompañó a Alberto durante la campaña y el entonces candidato lo consideró como uno de los ministeriables. El afecto político es recíproco. Alberto fue jefe de campaña de Randazzo cuando este compitió con Cristina por la senaduría de la provincia de Buenos Aires en 2017. Por ese desafío fue acusado de traición, de acuerdo con un particular código no escrito.

Otro es el de Martín Redrado. También descastado, no tanto por haberse negado a cumplir la orden de entregar al Tesoro las reservas del Banco Central en 2010, sino por su declaración pericial en la causa del dólar futuro. El expresidente del BCRA tiene una muy buena relación con Alberto Fernández, desde antes de la época en que coincidieron en el Gobierno de Néstor Kirchner. Y fue consultado varias veces por el futuro presidente durante la campaña y después de las elecciones.

Sería uno de los pocos, sino el único, que según fuentes de Wall Street tiene un plan económico integral, que contempla los aspectos monetario y fiscal, así como la forma de encarar la reestructuración de la deuda y restaurar la confianza para atraer inversiones, generar crecimiento y empleo privado. Y, algo no menor, contaría con los cuadros necesarios para gestionarlo.

Es lícito preguntarse: si hubo indulto para Alberto, por qué no para Randazzo para Transporte o Redrado en Economía. Basta buscar en Google los avatares del enfrentamiento de entonces entre los protagonistas del ticket presidencial para intuir que era imposible el perdón. Aun así ocurrió.

Otro indulto impensable era el de Sergio Massa. El hombre que también fue jefe de Gabinete de Cristina cruzó de vereda, ganó las legislativas en 2013 y frustró con el proyecto de “Cristina eterna”. Hace dos años, aliado con Margarita Stolbizer para las elecciones de medio término, había advertido que si la candidata de Unidad Ciudadana se presentaba, la iba a volver a frenar. Massa salió de la libretita negra, fue indultado y en pocas semanas asumirá como diputado por el Frente de Todos.

¿Ese perdón habrá comprendido a Diego Bossio? ¿Y a Guillermo Nielsen? El economista que protagonizó la renegociación de la deuda en 2005, con Roberto Lavagna como ministro de Economía, pasó luego a la oposición, fue precandidato a jefe de Gobierno porteño por el Frente Renovador en 2015. Nielsen dijo en 2017 que Cristina irritaba al mercado internacional. Hoy es uno de los principales referentes económicos de Alberto y el que más suena para la poltrona de Economía. En el llano, quizás hayan coincidido en la misma oficina ubicada frente a plaza San Martín, destino fugaz de algunos funcionarios en transición.

El tema de los indultos no es menor. El desafío que presenta la economía para el próximo Gobierno es enorme. Tanto en Wall Street como en Washington y en los principales escritorios del país donde se deciden inversiones, esperan que Alberto Fernández defina tanto la integración de su gabinete como el plan que piensa aplicar en economía.

Empresarios y financistas que pasaron por Buenos Aires para conocer a los ministeriables se volvieron con sensación de poco. Los referentes con quienes se reunieron dejaron la impresión de que, a lo sumo, podrían disponer medidas aisladas, a veces inconexas. Pero no un plan. “No podemos hablar”, dicen que se excusaban los interlocutores sin respuestas para las preguntas específicas.

La definición del gabinete hablará por sí misma. Según cómo se decidan o se tachen los nombres, será la lectura que harán los mercados de por dónde pasa el poder. En política, rumiar rencores resta puntaje. En el reino del pragmatismo, la misericordia política suma. Y, mostrada desde el triunfo, confiere más amplitud a la victoria.

¿Qué conviene hoy más a la Argentina? ¿Un claro protagonismo de Alberto en las decisiones, la sensación de un doble comando, o que el manejo no lo tenga el presidente?

Una forma de resolver el trilema quizás pase por no cuestionar el primer puesto, pero a cambio de instilar candidatos propios en los casilleros 2 o 3 de cada organigrama.

Hay quienes enfatizan que Alberto ganó y es el que tendrá la lapicera. Es absolutamente cierto, aunque falta ver si también tendrá la tinta o si los cartuchos se los deberá pedir a la vicepresidenta.

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