Si el comportamiento de las empresas resulta difícil de entender, el de los inversores suele ser muchísimo más impredecible e injustificable (al menos, tanto como para que sea imposible para cualquier persona "normal" predecir acertadamente en el tiempo qué es lo que harán). Tras un arranque "dubitativo", ayer las acciones se fueron afirmando más y más, a medida que más y más arreciaban desde los medios las noticias sobre un abortado complot terrorista. De alguna manera, lo ocurrido se podía asociar a la idea de que a medida que se difundía el temor entre la población, aumentaba el precio de las acciones. Este fenómeno no es único y lo hemos visto una y otra vez. Pero en contra de lo que postulan algunas ideologías, no se vincula con una "necesidad de sangre", sino con la apuesta a futuro de los inversores que las cosas estarán mejor que hoy, disparando con su comportamiento un efecto "estabilizador" sobre el resto de la sociedad. Este sería para algunos el mecanismo por el cual el Promedio Industrial trepó ayer 0,44% hasta los 11.124,37 puntos. Claro que existen otras explicaciones, por ejemplo, la posibilidad de que el mercado se concentrara en los buenos resultados del AIG y Target, descreyendo que la amenaza fuera "tan seria" como pregonaban políticos, reporteros y especialistas en terrorismo. De hecho, cuesta asimilar que entre lo mejor del día estuvieron las aerolíneas ganando en promedio 1,3% (a pesar de que AMR quedó sin cambios, UAL perdió 1,3% y Continental bajó 1,45%, las tres mencionadas en el complot), que el precio del petróleo retrocediera a u$s 74 por barril y que el del oro bajara a u$s 646 por onza. Fuere cual fuere el motivo de mejora en el mercado, alegrémonos que no estuvo asociada a un acto de violencia.
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