Rio de Janeiro (ANSA, AFP) - El canciller Celso Amorim afirmó que Brasil no podía «quedar rehén» de la Argentina, cuando decidió aceptar la propuesta de la Organización Mundial del Comercio (OMC), para destrabar las negociaciones de la Ronda de Doha.
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Para Amorim, Brasil «no se alejó» de sus aliados tradicionales, como la Argentina e India, del Grupo de los 20 y sostuvo que la divergencia con los argentinos «será resuelta en el Mercosur».
Lo mismo opina el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, según confió su portavoz Marcelo Baumbach. El mandatario desea que «se asiente el polvo», dijo y «la idea que planteará en la Argentina es la de que se deben fortalecer los mecanismos de integración regional y proseguir en el camino de la unidad».
La tensión entre ambos países ocurre cuando faltan tres días para que Lula llegue a Buenos Aires, con un punto central en su agenda como es el comercio bilateral, especialmente de productos agrícolas.
«En la hora crucial y al calor de las negociaciones, es necesario hacer opciones. Sabíamos que había una diferencia de posición con la Argentina, y nuestra posición no podía quedar totalmente rehén de ella», dijo Amorim sobre lo ocurrido en Doha.
«Brasil no se distanció ni de India ni de la Argentina», subrayó el ministro entrevistado por la prensa local.
«Creímos que, si era necesario, podíamos hallar una solución para la Argentina, resolver el problema en el Mercosur. No hubo alejamiento. Pero tuvimos que hacer una evaluación, no sólo respecto de India y China, sino con la industria brasileña también. Fue un momento crítico», justificó.
El canciller consideró una «paradoja» que el Mercosur mantuviera una posición unida en las negociaciones del ALCA y la Unión Europea, mientras que «en la OMC no lo conseguimos».
«Si ésa fue la lección, estoy de acuerdo, debemos trabajar para conseguir una posición unida», dijo. Según el ministro, el fracaso de la reciente Ronda de Doha, en Ginebra, fue resultado de «cierta intransigencia de los dos lados».
«Hubo maximalismo de una parte (India) e intransigencia de la otra (Estados Unidos)», opinó Amorim.
Para el ministro, pese al fracaso de la Ronda, destacó que «hubo avances», a diferencia de la reunión en Cancún (2003), cuando Brasil salió de la cita «porque había un preacuerdo entre Estados Unidos y la Unión Europea».
«Esta vez fue diferente. Hubo un avance que se refleja en los números. No hay modo teológico de decir que era un acuerdo justo. Pero era aceptable y, por tanto, positivo para el comercio internacional y para Brasil», completó Amorim.
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