Cristina de Kirchner cenó anoche en secreto en la Casa Rosada junto con representantes de todos los sectores de la economía (salvo el campo) y la cúpula de la CGT. Estuvo acompañada sólo por Julio De Vido y Aníbal Fernández. Así, se ubicaron en la mesa Héctor Méndez y José Ignacio de Mendiguren (UIA), el banquero Jorge Brito, Eduardo Eurnekian, Carlos de la Vega (Comercio), Gregorio Chodos (Construcción) y Adelmo Gabbi (Bolsa de Comercio). Junto a ellos arribó la delegación sindical, imprescindible para darle certidumbre a la agenda de diálogo que el Gobierno pretendía blindar: la encabezó Hugo Moyano con su núcleo íntimo, el jefe de los taxistas, Omar Viviani; el de Obras Sanitarias, José Luis Lingieri, y Juan Carlos Smith, de Dragado y Balizamientos. En ese marco, las ausencias se notaban aún más: con De Vido y Aníbal F. presidiendo la reunión, muchos se preguntaron por qué Amado Boudou no había aparecido, menos cuando Cristina de Kirchner irrumpió en el encuentro hacia las 22. No extra-ñó, obviamente, que nadie relacionado con el campo hubiera sido invitado. La orden de trabajo anoche fue clara: acordar un temario económico para discutir públicamente en el diálogo con el compromiso de no desarmarlo en los próximos días. Se resucitará una oferta a bonistas por el default y un acuerdo por el Club de París (ahora, con pago en cómodas cuotas). Se habló, además, del proyecto de un nuevo INDEC -hasta con otro nombre-que ya circula en el Congreso. También de cómo frenar el círculo vicioso de aumentos salariales e inflación. El estancamiento de los créditos es otro de los principales problemas, que, como siempre, se focalizó en la actuación de los bancos (olvidando que ahorristas sólo depositan a cortísimo plazo). Al menos en lo que hubo rápido acuerdo fue en el dólar, dado que a los actuales $ 3,82 ya se encuentra en niveles de por sí elevados. De hecho, acompaña a la inflación en lo que aparenta ser prácticamente un «crawling peg». En concreto, se tildaron temas ya reiterados, incluyendo la necesidad de dar a conocer un programa financiero hasta 2011 y recomponer gradualmente el alicaído superávit fiscal. Teme el Gobierno que se reproduzca en las conversaciones con empresarios y sindicalistas la tormenta de objeciones y críticas que aparecerán en la ronda política del diálogo que comienza hoy. Así la estrategia en lo económico, se les dijo, será salir a batallar con el listado básico de temas por discutir pero con un acuerdo previo y sin sorpresas. Un diálogo en el que el Gobierno se juega su última baraja para ganar credibilidad. Por lo menos logró ya ganar tiempo.
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