El gobierno cree que esta semana es decisiva para el futuro de Aerolíneas Argentinas, según expresaron anoche fuentes de la cartera laboral. Por eso, el objetivo es destrabar los acuerdos con los gremios aeronáuticos y acelerar la puesta en marcha de los compromisos que asumió en octubre pasado el ex secretario de Programación Económica Miguel Bein con Pedro Ferreras, presidente de la española Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), principal accionista de la compañía local.
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Según las mismas fuentes, la ministra de Trabajo, Patricia Bullrich, logró la semana pasada el compromiso formal del ministro de Infraestructura, Carlos Bastos, de que tomará las medidas necesarias para cumplir lo comprometido por el gobierno.
Entre esos puntos se encuentran: la rebaja de las tasas aeroportuarias, la reducción del costo de las instalaciones aéreas, normas que obliguen a los agentes públicos a utilizar los servicios de Aerolíneas, y gestionar ante la Fuerza Aérea la adecuación de disposiciones de 1999 relativas al plan de instrucción y adiestramiento de los tripulantes de cabina y de las normas referidas a la programación de las tripulaciones.
En principio, parece difícil que Bastos pueda resolver esas cuestiones en una semana.
Sin embargo, Bullrich parece creer que al término del período de conciliación obligatoria dispuesta por la cartera laboral entre la empresa y los técnicos (lo que ocurrirá en dos semanas a lo sumo), deben estar resueltos los reclamos de la SEPI al gobierno y los acuerdos con todos los gremios.
En apariencia, la ministra habría recibido el mensaje de parte de la SEPI de que esta empresa, perteneciente al Gobierno español, no pondrá un peso más en Aerolíneas, ni siquiera para capital de trabajo, si no se cumplen esas condiciones.
El razonamiento de la ministra sería que si se cumplen todas las condiciones requeridas por la SEPI, ésta ya no tendrá argumentos para dejar caer la empresa o llevarla a la quiebra.
Esta hipótesis choca con tres realidades. Por un lado, aunque la SEPI consiguiera todo lo pedido, Aerolíneas seguiría siendo una empresa con pérdidas si se considera que en el último año tuvo un saldo negativo de 300 millones de pesos. Esto es debido sobre todo al peso de los intereses por las deudas, buena parte de ellas contraídas con la propia SEPI.
Por otro lado, Bastos no puede correr con los tiempos, y ya dejó trascender que el gobierno no saldrá a resolver los problemas de las empresas privatizadas.
Por último, resulta difícil creer que el gremio de los técnicos acepte ahora las propuestas de la empresa en cuanto a modificar las condiciones laborales y reducción salarial, a cambio de la estabilidad laboral que la SEPI le prometió al Ministerio de Trabajo por lo menos por dos años.
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