El gobierno finalmente formalizará hoy la salida de Javier de Urquiza y su reemplazo por Carlos Cheppi en el cargo de secretario de Agricultura. La llegada del hasta ahora titular del INTA sería por el momento el único de los movimientos que activará Cristina de Kirchner en su gabinete, según la información que circulaba ayer por los pasillos de la Casa Rosada.
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Desplazado por completo de su rol, y con nula participación durante el conflicto con el campo, De Urquiza presentó su renuncia el viernes. Hoy le será aceptada, por lo que sus más cercanos le realizaron ayer una despedida en el Salón Gris de la Secretaría de Agricultura, en la cual el santacruceño, con lágrimas en los ojos, elogió a Néstor Kirchner y echó culpas al secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno. «Si Cheppi llega, pero siguen Moreno y (Ricardo) Echegaray ( titular de la ONCCA), no va a poder hacer nada», habría augurado De Urquiza, según publicó ayer el portal La Política Online.
El entrante Cheppi tiene un currículum de fuerte sesgo K. Llega apadrinado por el ministro de Planificación, Julio De Vido, y cuenta en su haber con un pasado como interventor del Consejo Agrario de Santa Cruz. Es oriundo de Balcarce, se formó en Mar del Plata como ingeniero agrónomo, y ocupó varios cargos en el INTA durante los 90. También fue director del Ministerio de Agricultura y Ganadería de Buenos Aires durante la gestión de Carlos Ruckauf.
La designación de Cheppi llega en tiempos en que el campo reclama por la aparición de nuevos interlocutores oficiales del gobierno. Esta será la principal tarea del secretario de Agricultura. Al menos eso espera el campo, que organiza sus reclamosy exige un encuentro a la Nación (ver aparte).
«El gobierno no realizó todavía una autocrítica luego de la derrota en el Senado por el tema retenciones móviles», opinó ayer el titular de CRA, Mario Llambías. La crítica surgió pese a que la cúpula de CRA, Federación Agraria, Coninagro y Sociedad Rural están tratando de dar señales de optimismo.
Consenso
«Es tiempo de consensuar con el gobierno», matizó a su vez Luciano Miguens, presidente de la SRA. Incluso en la Mesa de Enlace algunos se animan a hablar de «borrón y cuenta nueva», para dar aire a negociación que se avecina.
Lo que aún falta, según la visión de los dirigentes más duros, como es el caso de Llambías, es una comunicación formal del Ejecutivo con la Mesa de Enlace, que contenga la mencionada «autocrítica», la promesa de futuras reuniones y la definición de nuevas políticas para el sector.
El voto negativo del vicepresidente Julio Cobos en el Senado abrió una instancia de negociación que parecía imposible hasta el miércoles de la semana pasada. Los presidentes de las entidades quieren capitalizar esta ventaja lo más rápido posible. Especialmente, al tener en cuenta el confuso modo en que se puso freno a la Resolución 125, vía un ambiguo decreto que habla de « limitar» y no de «derogar» las retenciones.
Llambías puntualizó que, según su visión «tiene que haber un cambio de políticas y no sólo de nombres» en el gobierno y, además, aclaró que no tiene «ningún problema personal» con Moreno. Un modo en que las entidades buscan hacerse fuertes es mantener la unidad de la Mesa de Enlace.
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