La cobertura de los actuales programas sociales, como son la Asignación Universal por Hijo (AUH) y la Tarjeta Alimentar, duplican lo que fue el Plan Jefes y Jefas, establecido en 2002 tras el estallido social, cuando la pobreza se acercó al 60% de la población y el desempleo trepó a casi el 20%. Tras la ampliación del monto y de la cantidad de niños, el Gobierno analiza que las compras con la tarjeta Alimentar estén libres del pago del IVA del 21% en los alimentos. La pobreza en la niñez es del 56,3%, según el relevamiento del INDEC.
Así se desprende de un análisis realizado por el economista Julián Folgar. El programa Jefes y Jefas del 2002 había llegado a 1,8 millones de titulares cuando comenzó, en 2002. La prestación en pesos era $150, pero a valores de hoy, serían unos $8.000, asumiendo solo la presencia de este beneficio, en un hogar con dos menores. Ese programa se diluyó con los años y a partir del 2010 fue reemplazado por la AUH.
En la actualidad, la AUH alcanza a 2,4 millones de titulares. Asumiendo una familia con 2 menores, también son $8.000 de transferencia. Sin embargo, a las mismas familias que reciben la AUH también se les sumó la tarjeta Alimentar, que en el último mes se amplió a familias con chicos de hasta 14 años. Con esta ampliación, llegará a 1,9 millones de titulares, y será de $9.000 para una familia con dos hijos.
“Aquellos que reciben ambos beneficios, AUH y Alimentar, terminan teniendo el doble de ingresos que una familia en el 2003, todo en términos reales”, explicó Folgar a Ámbito. La cobertura es el doble en lo que se refiere a ingresos, pero no así en cantidad de beneficiarios, donde es similar. “Comparé los programas porque en esencia son similares por ser no contributivos, atienden el mismo universo de personas, que son jefes de familia que están en la informalidad, y tienen hijos menores”, agregó el economista, experto en finanzas públicas.
Si bien todos estos programas son no contributivos y de transferencias de ingresos, existen diferencias entre los tres. El plan Jefes y Jefas llegó en 2002 tras la fuerte crisis económica y tenía una contraprestación, como actividades comunitarias. “Este plan fue pensando como una emergencia, para contención social. El criterio era el de necesidad, mientras que en la AUH el criterio es de derecho, es una política de Estado, que no está pensada para invertir solo en niños vulnerables, sino en cualquier niño, dado que los trabajadores formales también tienen asignaciones. El enfoque es que la infancia es un momento crítico para adquirir capacidades”, describió José Florito, coordinador del programa de protección social de Cippec.
La Tarjeta Alimentar, en tanto, fue incorporada por el Ministerio de Desarrollo Social en 2019 como una “política de emergencia”, que no pretende sostenerse en el tiempo, y es solo para la compra de alimentos. Mientras que la AUH se actualiza por la ley de movilidad jubilatoria, la tarjeta Alimentar la define el Gobierno, y en el marco de la segunda ola, fue ampliada. Pasará de llegar a jefes de hogar con hijos de hasta 14 años (antes era hasta 6 años) y se actualizaron los montos: $6.000 para un hijo, $9000 con dos hijos y $12.000 con tres o más. Esto significará una inversión de $250 mil millones, un 0,7% del PBI.
La AUH y la Tarjeta Alimentar evitaron que la indigencia trepara al 20% en 2020, 10,2 puntos porcentuales más de lo que efectivamente fue. En tanto, la pobreza hubiera llegado al 51,7% sin estos dos programas, 7 puntos más a lo que efectivamente fue, según un análisis realizado por el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA. Sin embargo, Florito aseguró que existe un desafío pendiente en el sistema de protección: “Hay una coincidencia entre analistas que políticas como la AUH no deberían ser reemplazadas, pero si debería diseñarse una estrategia que vincule estas transferencias de ingresos con otro tipo de políticas, para que esta garantía de ingreso no satisfaga solo necesidades del presente, sino que genere condiciones para el futuro, como una mejor inserción educativa o al mercado de trabajo”, afirmó el especialista.
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