Pésimo por donde se lo quiera observar, el desarrollo del reingreso de Buenos Aires al circuito no pudo resultar más desinteresado. Que resulta de la peor de las imágenes, ver a una plaza decadente en cotizaciones y sin encontrar comprador de cierto nivel en las cercanías.
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Pero, todo comenzó por el exterior, donde el Dow Jones también continuó con su problemática y hasta decaer 1,14% en la jornada. Eludió el sablazo el Bovespa, que pudo concretar un repunte suave de 0,75%. Y después cabía esperar de qué modo se incorporaba el Merval, tras su feriado del lunes. Lo presenciado por los escasos asistentes, fue un magro espectáculo bursátil y sumamente «pesado» para transar.
El volumen resultó el rol principal de la fecha, dando fe de la escasez de energía existente. Por otra parte, sintetiza una actitud de la oferta que -pobrecita- se trata de acomodar a la flacura de la contrapartida y no presiona con desmesura. Además, porque enviando órdenes de fuste, el vendedor atentaría contra su propio dinero. Para decir que se movió una oferta todavía con límites, sin salir a «reventar» posiciones.
El petróleo
El petróleo, y sus allegadas en Bolsa, tendieron una manta sobre el Merval clásico. Como para hacerlo ver sobrio -con 0,35% de baja- aunque la realidad fluyó por otras variables. El listado de sólo «locales» decayó 1,30%, y se terminó en índice de «1.727» puntos, que mira con temores a otra perforación del piso. Y las diferencias resultaron contundentes: solamente «14» alzas, contra «41» papeles en descenso. Negocios que no pasaron de los $ 35 millones de efectivo, tocando fondo, mientras «cauciones» reunían $ 219 millones y dando otra idea de la realidad actual, con apalancamientos peligrosos. Pasos siguientes de la semana, quedaron con el agua al cuello. Y la Bolsa, sin escafandra.
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