5 de marzo 2001 - 00:00

¿Autonomía fiscal para municipios?

De Ricardo López Murphy se espera que en principio sea sobre todo un ortodoxo que persiga el equilibrio fiscal como meta central. Sin embargo, años atrás, en 1992, impulsó un esquema revolucionario que daría mayor autonomía fiscal a municipios y provincias, y que atendería a las necesidades sociales particularizando en las familias o en las personas, como alter-nativa a la utilización de criterios regionales. La médula del proyecto es traspasar progresivamente gastos y recaudación de impuestos a las provincias y sobre todo a los municipios.

Es cierto que esa propuesta de FIEL presentada por López Murphy en una convención de ADEBA está limitada en la realidad actual por la urgencia de resolver el déficit fiscal, después del mal arranque del primer bimestre del año, y sobre todo porque la mayoría de las provincias tiene gobernadores de distinto signo político al gobierno nacional.

Ventajas

De todas formas, el proyecto muestra que el designado ministro de Economía podría ir más allá de la estricta ortodoxia y aplicar criterios novedosos en la medida en que tenga espacio político para hacerlo.

Según la propuesta descentralizadora de López Murphy, «acercar las decisiones de gasto a los contribuyentes tiene ventajas sustanciales», ya que «permite ajustar el nivel y la calidad del gasto a las necesidades particulares de la población beneficiaria» y «permite a los ciudadanos identificar y, por lo tanto, exigir responsabilidad política de las autoridades por su gestión administrativa».

Aunque el estudio exceptúa de la descentralización al IVA y al Impuesto a las Ganancias, precisa que el objetivo es otorgar «a provincias y municipios capacidad de autofinanciar todos los gastos que les competan una vez definidos sus roles».

La propuesta parte de la experiencia de otros países como Estados Unidos y Suiza, donde los recursos fiscales en poder de los municipios y provincias son sustancialmente superiores a los que se registran en la Argentina, por lo cual los condados norteamericanos o los cantones suizos llegan a gozar de una fuerte independencia.

El proyecto también avanzaba sobre un aspecto clave que por ahora el gobierno no pudo resolver: el de la coparticipación federal. Según afirmaba, «en nuestro país la baja participación relativa de los recur-sos propios de provincias y municipios refleja el uso intensivo de recursos coparticipados como medio de financiamiento», argumentando sobre la necesidad de una mayor correspondencia entre el gasto y el esfuerzo tributario propio de provincias y municipios.

Esfuerzo

El otro aspecto singular de la propuesta se refiere al esquema distributivo en cuanto sostiene que la metodología tradicional deriva en un mayor esfuerzo recaudatorio que afecta la competitividad a la par que pueden incentivarse localizaciones o empleos sectoriales ineficientes de los factores productivos.

El proyecto que en 1992 elaboró López Murphy incluye una política distributiva con eje en lo personal y no en lo regional. Pero sin embargo acota que «sin perjuicio de su ejecución descentralizada, los programas distributivos son naturalmente nacionales y por lo tanto su normativa y financiamiento deben ajustarse a pautas fijadas centralmente».

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