Avatares de la cumbre

Economía

  
  • Los líderes de los países más poderosos están preocupados. La escalada del precio de los alimentos y del crudo está centrando la Cumbre del G-8 que se celebra estos días en Japón. Un debate que debió suponer un gran desgaste dado el festín gastronómico que se dieron los líderes de las grandes potencias mundiales. Mientras las economías emergentes, formadas por Brasil, México, la India, China y Sudáfrica pedían a la ONU su intervención para paliar la crisis alimentaria, George W. Bush, Angela Merkel, Gordon Brown, Silvio Berlusconi, Nicolas Sarkozy, Yasuo Fukuda, Stephen Harper y Dmitri Medvedev, con sus respectivas parejas, se daban un banquete formado por 19 platos. Desde maíz con caviar hasta dados de atún con peras y gelatina de soja o almejas hervidas, pasando por salmón ahumado y erizos de mar. Así hasta casi 20 deliciosas creaciones con todo tipo de alimentos: ternera, verduras... Los mejores delicattessen.

  • Quizás es porque el atuendo formal realmente no es el más adecuado para cavar, o porque la propuesta los tomó por sorpresa, pero los líderes del G-8 se mostraron ayer poco experimentados a la hora de plantar un árbol. Antes de la tradicional «foto de familia» de la cumbre, en un mirador sobre el lago Toya en el lujoso hotel Windsor, los anfitriones japoneses pidieron a los mandatarios que participaran en la plantación de tres árboles, en conmemoración del evento. Los ocho, armados de palas, se pusieron a trabajar, visiblemente con más voluntad que maña. Bush, apenas dio una palada, mientras que Merkel, se mostró más entusiasta. Pero quizás el más voluntarioso fue Berlusconi, que quiso dar ejemplo y casi terminó él solo con uno de los montones de tierra.

  • Berlusconi también hizo las delicias del personal del hotel que miraba a través de los vidrios. Mientras regresaban al edificio, los líderes los saludaron con la mano. El primer ministro italiano fue más allá y empezó a lanzar besos hacia las trabajadoras del hotel, que se deshicieron en risas.

    Berlusconi, que viajó a la cumbre sin su esposa, Veronica, invitó a seguir su ejemplo a Sarkozy, cuya pareja, Carla Bruni, tampoco se encuentra en Japón. El francés, con una sonrisa, declinó la invitación de Berlusconi.
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