La inauguración de un restorán argentino, Obelisco, con capacidad para 450 cubiertos, una bodega que permite exhibir 30.000 botellas de vinos de las más diferentes marcas argentinas, un parque de 5.000 m2 con la réplica del obelisco de 20 metros de altura, constituyó el «meeting point» de los hombres de negocios. Un empresario chino fue el que decidió invertir casi 5 millones de dólares y no dudó en importar desde la mantelería hasta el dulce de leche para lograr que en la ciudad de Pekín, de ahora en más, se pueda encontrar la infaltable parrilla argentina. El management lo aporta la gente de Rosa Negra, el restorán de San Isidro, y las carnes son de Uruguay, pues la Argentina todavía tiene trabas para ingresarlas por la aftosa.