• El precio del petróleo, la economía China y la renegociación de la deuda argentina fueron los temas estrella de la asamblea del FMI que terminó ayer en Washington. Pero la verdadera protagonista del evento fue la seguridad. Incluso los informes y análisis que generalmente se entregan como material de trabajo en estas reuniones les dejaron el lugar a folletos sobre la seguridad en la asamblea con estrictas indicaciones sobre cómo evacuar los edificios del FMI en caso de un atentado o cómo denunciar eventos sospechosos.
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• Un perímetro de cuatro calles alrededor de las sedes del FMI y el Banco Mundial fue cerrado durante el fin de semana, lo que obligó a los comercios a no abrir el sábado pasado, con las consiguientes protestas. Así, para poder ingresar se debían pasar al menos tres controles con chequeo de credenciales y detectores de metales. Los habitantes de Washington prefirieron alejarse del evento y salieron masivamente de la ciudad el viernes al mediodía.
• Guillermo Nielsen se escapó durante sus 72 horas en Washington para intentar mantener reuniones a solas con delegados del G-7 y el gobierno de EE.UU., sin ser identificado. Era la orden recibida de Roberto Lavagna. Pero no pudo escaparse cuando en la calle lo frenó Stefen Engelsberger, el bonista alemán famoso en la Argentina que participó de la Asamblea del FMI como mero observador. Nielsen no tuvo otra opción que escucharlo mientras hacía la cola para pasar por un control de seguridad: «Ustedes tienen la posibilidad de mejorar la oferta. Tienen los fondos y saben que deben hacerlo», le tiró el acreedor. «La oferta es la que presentamos y no hay opción; si quiere más, puede ir a la Justicia», le respondió el secretario de Finanzas.
• El FMI decidió modificar algunas constumbres clásicas de sus asambleas anuales. Por lo pronto, las delegaciones quedaron encerradas dentro del recinto del Fondo y del Banco Mundial, y la seguridad no permitía el acceso ni siquiera de la prensa de todo el mundo, que quedó recluida en un subsuelo a la espera de conferencias organizadas y comunicaciones por escrito que le eran entregadas como la comida a un preso por debajo de la puerta. Roberto Lavagna, que hizo un culto de mantener el bajo perfil durante la reunión, aprovechó de todas formas el operativo de seguridad para permanecer alejado de todo el mundo.
• La campaña presidencial en los Estados Unidos no estuvo afuera de la Asamblea Anual del FMI. Al comienzo de las reuniones recién había terminado el debate entre George W. Bush y John Kerry en Miami, y el tema era excluyente en las conversaciones. Los bancos de inversión e instituciones financieras -que organizan seminarios paralelos a la asamblea del FMI-eligieron para las cenas de cierre de sus eventos a personalidades de la política. El Deutsche Bank tuvo como figura a Henry Kissinger, ex secretario de Estado. El Institute of International Finance lo eligió a Lawrence Eagleburger, ex secretario de Estado de George Bush padre, pero que hoy mantiene una postura crítica con relación a la posición de Bush (hijo) en Irak.
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