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De todas maneras, y a la luz de lo sucedido en los últimos años, son pocas las veces que los ministros logran acertar en lo que sucederá al año siguiente. Es más, ni siquiera como aconteció con De la Rúa, se puede prever el cortísimo plazo dado que el proyecto debe remitirse al Congreso el 15 de setiembre y ya lo que resta del año contiene habitualmente en la Argentina una alta dosis de azar en las estimaciones a hacer. Un ícono: el proyecto de presupuesto 2002 estimado por Domingo Cavallo en setiembre de 2001 en ese sentido tuvo desvíos no sólo en las estimaciones económicas, visto la convulsión y caída de De la Rúa a los 90 días.
Su sucesor, Roque Fernández (presupuestos de '97 a 2000), jugaba de otra manera. Era conservador y se guardaba unos puntos de crecimiento del PBI. De esta manera, al pronosticar menos crecimiento y menos recursos impositivos, lograba reducir silenciosamente el déficit fiscal. A lo largo del año, con los ingresos excedentes, no tenía necesidad de fuertes recortes en las partidas. Logró una sucesión de cumplimientos con el FMI, con los que aplicaba igual estrategia conservadora.
Tras la salida de la convertibilidad, el crecimiento de la economía pasó a ser un elemento más. Debe acertarse ahora con poco margen de error el dólar promedio, y la inflación en ese período. Roberto Lavagna en la primera bola que jugó al presentar el presupuesto que se está ejecutando actualmente, fue conservador: previó un escenario peor al que hasta ahora se viene evidenciando. Pintó un crecimiento de 3% cuando el consenso de los analistas estima que se cerrará con 4,5%-5% de incremento en la producción. Más alejado estuvo en el valor promedio del dólar estimado, que en promedio fijó en 3,63 pesos, y en la inflación, de 22%. Hoy a la moneda norteamericana se le asigna un cierre cercano a los $ 2,80 y la inflación en 5% anual. Claro que en setiembre del año pasado, Lavagna ya pensaba que un acuerdo con el FMI iba a resultar difícil de lograr, algo que consiguió cerrar tres meses después de remitir la iniciativa al Congreso.
Por ello lo limitado de las estimaciones para 2004: ¿qué pasa si no hay acuerdo con el FMI? ¿Y si se complica más Brasil y vuelve a estar al borde del default? ¿Y si sube fuerte la tasa en EE.UU.? Cualquiera de estos eventos puede volcar las estimaciones oficiales. Por lo menos el proyecto de presupuesto servirá para saber algo más del pensamiento de Kirchner en lo económico, más allá de que luego se cumpla o no.
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