5 de noviembre 2004 - 00:00

Bajaron (poco) el impuesto al cheque, pero recaudan más

La eliminación del impuesto al cheque para las colocaciones financieras a plazo no provocó pérdidas en los ingresos de la AFIP, por lo menos en el primer mes de vigencia de la medida. Es más, si se toma el promedio diario de recaudación del tributo a los débitos y créditos bancarios, los ingresos por esta vía aumentaron entre setiembre y octubre, con lo cual la decisión de reducir la presión del tributo no generó pérdidas sino ganancias para el fisco.

En total, el mes pasado se obtuvieron unos $ 644,3 millones mientras en setiembre la recaudación de este tributo llegó a $ 665,1 millones.


Linealmente, esto implica una reducción de 3,1% en la recaudación del impuesto. Sin embargo, si se tiene en cuenta que setiembre contabilizó 22 días de operaciones financieras y octubre 20 (un feriado y un día hábil menos), el promedio diario arroja un resultado de $ 30 millones en el primer mes contra $ 32 millones el mes pasado. Incluso se superó el promedio que se venía registrando durante los primeros ocho meses de 2004, cuando se obtenían $ 27 millones diarios.

Roberto Lavagna
, al anunciar en sociedad la posibilidad de no pagar el tributo para dos tipos de movimientos financieros (cuando el dinero se traslade de las cuentas corrientes hacia un plazo fijo y de éstos a las cuentas corrientes) había anticipado que, según sus estimaciones, se perderían $ 20 millones mensuales, lo que ahora parece ser un error de cálculo.

• Impulsor

En realidad, la idea de reducir el impuesto al cheque no fue impulso de Lavagna, sino del ahora titular del Banco Central, Martín Redrado, que habló del tema cuando fue llamado por Néstor Kirchner para asumir la conducción de la entidad financiera. El Presidente entendió la necesidad de reducir el tributo ante la existencia de tasas de interés negativas para los depósitos a plazo.

El impuesto al cheque fue una creación que impulsó legalmente Domingo Cavallo en sus primeras semanas como ministro de Economía de Fernando de la Rúa. Se instrumentó en mayo de 2001 con la intención de darles a los acreedores la impresión de tener más fondos ante las versiones de default. En esos momentos, la reglamentación permitía tomar a cuenta de Ganancias y el IVA este tributo en su totalidad. Los ingresos eran disponibilidad exclusiva del Estado nacional y las provincias quedaron fuera. Si bien la reglamentación permitía una alícuota máxima de 0,6%, Cavallo aplicó una tasa máxima de 0,4%. Sin embargo, la situación cambió cuando se abandonó la convertibilidad. El impuesto subió a 0,6% y se eliminó la posibilidad de tomarlo a cuenta de otros impuestos. Además, se lo elevó a la categoría de « coparticipable», con lo cual también las provincias comenzaron a recibir ingresos por esta vía.

Roberto Lavagna impulsó algún tipo de reducción del gravamen, aunque siempre sobreestimando las pérdidas eventuales que provocarían estas rebajas puntuales. La primera reducción se dio el 3 de mayo, cuando el actual ministro reglamentó la posibilidad de tomar 0,2 de punto del tributo a cuenta de Ganancias y sólo para cuando se concretaran operaciones de débito, una medida que pasó inadvertida para el público, que ni siquiera sabe que la reducción existe. La segunda baja en la presión del tributo a los débitos y créditos bancarios se dio el 7 de octubre y fue su eliminación para las operaciones de plazos fijos en cuentas corrientes. Tampoco impactó.

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