BCRA bajó el ritmo de emisión al 20% anual

Economía

Venía a una velocidad de más del 60% anual pocos meses atrás. Pisaron el freno. Pese al anclaje cambiario, algo con las tasas deben hacer.

La expansión monetaria va hoy a una velocidad inferior al 20% anual. Pero hasta hace unos pocos meses atrás el Banco Central (BCRA) aún emitía por encima del 60% anual. No cabe duda que el BCRA clavó los frenos. Quizás en consonancia con las pautas del Presupuesto o alertado que la demanda de dinero se estaba desacelerando más rápido de lo previsto. Lo cierto es que el BCRA presidido por Miguel Pesce aportó su granito de arena para que el ajuste de precios relativos no se desmadrara. Así y todo, la inflación del primer trimestre se desbocó acumulando ya un 13%. El IPC de marzo mostró además que el ritmo inflacionario trepó cerca del 43% anual. Esto ocurre precisamente a las puertas de una nueva ola de brotes pandémicos y sus consiguientes restricciones a la movilidad de la gente.

En el seno del BCRA reconocen que tienen lo que resta de abril y mayo para aplacar las crecientes expectativas inflacionarias. Pero por un lado la “prudencia” expansiva que se registra desde febrero pasado, hoy en realidad, tiene poco y nada que ver con lo que acontece en materia inflacionaria. Es que la política monetaria tiene ciertos rezagos en su accionar. Gran parte de lo que se viene observando, en los últimos meses, en materia inflacionaria tiene relación con la fuerte emisión de varios meses atrás. Vale recordar que cuando comenzó la cuarentena obligatoria la base monetaria crecía en torno al 40% anual. En los cuatro meses subsiguientes lo hizo por encima del 60% anual llegando casi al 67% en julio pasado. Pero entre agosto y setiembre la base se expandía bien por encima del 70% anual. A partir de ahí, en medio de un salto en la cotización del dólar libre, se empezó a frenar el ritmo de emisión al 60% y luego al 40%. El BCRA procuró encapsular y postergar el problema “encuarentenándolo” en la habitación de las Leliq y los Pases. Pero una economía en recesión, ahora afectada por la pandemia global, aceptaba la inyección de más dinero principalmente por motivo precaución y algo transaccional. La gente demandaba más pesos por necesidad para atender con efectivo tanto los nuevos como los tradicionales gastos domésticos y para asegurarse una tenencia de billetes “por las dudas”.

Así la circulación monetaria que venía al iniciarse la cuarentena en 2020 a un ritmo del 47% anual rápidamente trepó al 61%, después al 74% para llegar a más del 83% anual en agosto pasado. Luego empezó a desacelerarse cerrando el año al 61%. Ya en 2021 cayó al 53% y ahora va a un ritmo del 38%. El público demanda cada vez menos billetes y eso se observa en el comportamiento de la circulación monetaria. Acá el BCRA se vio sorprendido por la evolución, sobre todo de fin de año, cuando esperaba la suba estacional de la demanda de dinero pero que al fin de cuentas no fue tal. Es que la gente no solo tenía ya bastantes cubiertas sus necesidades de efectivo sino que cada vez quería tener menos. A lo que se sumó la explosión del uso de medios de pagos digitales. De esta forma toda la emisión que el BCRA convalidó a fin del 2020 se sumó al exceso de circulante ya existente. Los analistas del BCRA consideran que detrás del comportamiento atípico del circulante en poder del público se identificarse tres factores explicativos: un aumento en la demanda de dinero por motivo precautorio y operacional, un incremento extraordinario de las prestaciones sociales y un cambio en el patrón de consumo de las familias. Esto desembocó, en parte, en la contracción monetaria vista en febrero. Pero el impacto de esta “prudencia” expansiva por parte del BCRA se verá, quizás, recién entre el tercer y cuarto trimestre del año. Hoy la inflación está “vivita y coleando”, no solo por factores inerciales sino por la propia dinámica de la política del Gobierno que sigue ajustando algunas tarifas públicas y convalidando otras privadas.

Solo un dato a tener en cuenta: cada vez que hay un ajuste en los precios de los combustibles esto impacta rápidamente sobre la inflación núcleo y luego se traslada a la inflación general. De modo que por más que se haya “anclado” el tipo de cambio oficial los datos de inflación son rezagos de la política expansiva del año pasado, y del ajuste de precios relativos, que tardan un tiempo en digerirse. Está claro que el BCRA no está preocupado por un atraso cambiario, ya que ellos señalan que “luego lo recuperarán (después de las elecciones)” pero si lo están, y mucho, por la dinámica inflacionaria. El mercado de deuda local ya emitió una señal en la última licitación, es necesario ajustar las tasas de interés antes que sea tarde. Esto choca con los deseos del Palacio de Hacienda de no conspirar contra el nivel de actividad pero si los índices inflacionarios siguen picantes y encima al dólar libre se le ocurre dejar de invernar, por algún lado deberán reaccionar. Los controles de precios siempre hacen agua, por algún lugar. Y si a esto se le sumaran lógicas presiones salariales se perfila un complicado contexto preelectoral. Además es plausible que el Tesoro necesite más asistencia del BCRA de la prevista ya que al implementar nuevas restricciones a la movilidad será necesario apuntalar los ingresos familiares de varios segmentos de la población. Aunque parte de esa posible emisión termine en la “cuarentena” de las Leliq y Pases. Pero esa es otra historia.

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