El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) prometió reactivar créditos por 10.000 millones de dólares para la construcción de obras públicas en Sudamérica, de los cuales 1.500 millones llegarían a la Argentina. La idea ya había sido esbozada por el ex presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso en 2001, apuntando a la integración física del Mercosur. En ese plan, las obras más importantes a ser encaradas por la Argentina eran un sistema de rutas para comunicarse con los países del bloque y la hidrovía de los ríos Paraguay y Paraná. El actual presidente de Brasil, Lula Da Silva, es el nuevo motor de la iniciativa y en los próximos días anunciará un ambicioso plan de infraestructura para su país que -dice- debe ser complementado por las naciones vecinas. La promesa del BID tiene una condición, sobre todo si el vencedor en el ballottage del domingo resulta Néstor Kirchner: para acceder a los fondos -los únicos con que éste contaría para su promocionado «plan keynesiano de obras públicas»-, debe cerrar antes un acuerdo con el FMI y estar al día en los pagos a todos los organismos internacionales de crédito. Así, con la «zanahoria» de los créditos, se busca estimular un rápido acuerdo con el Fondo y evitar que se repitan las dilaciones de la última negociación encarada por el equipo de Roberto Lavagna. Ayer, el titular del BID, Enrique Iglesias, fue condecorado en Olivos por Eduardo Duhalde, quien lo reconoce como uno de los principales promotores de la devaluación de principios del año pasado, que -según el Presidente- inauguró un nuevo modelo económico en el país.
En realidad, ni el desarrollo del «plan» ni el anuncio son nuevos. La presentación en sociedad fue en setiembre de 2000 en Brasilia, en una cumbre de
De todas maneras, tampoco esta situación parece molestar a Kirchner, que ya habría hablado de la posibilidad de acelerar el plan en la reunión que mantuvo con Lula el jueves pasado en Brasilia.
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