Boudou minimizó el impacto de la medida
¿Amado Boudou el nuevo Martín Lousteau? Un sector del oficialismo salió a la cacería de quienes puedan dar cuenta de las consecuencias en el mercado del anuncio de la estatización de las jubilaciones, una idea que, aunque fuera necesaria, el gobierno lanzó con un pésimo manejo de los tiempos. Al titular de la ANSeS se le reprocha haberle dicho a Cristina, como Martín Lousteau en marzo sobre la Resolución 125 de retenciones móviles, que los efectos serían mínimos porque las AFJP tenían en las jubilaciones ya un negocio pequeño. No se advirtió del acople que tiene ese sistema con el financiamiento empresario y el consumo, que es lo que explica el derrumbe de los mercados que alcanzó a España y a empresas emblemáticas como Repsol.
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Sergio Massa y Amado Boudou (o vudú).
La Casa Rosada teme ahora que se produzca un nuevo round de protestas de las clases medias, basadas en este hecho: es cierto que las encuestas de la ANSeS del año pasado manifestaban la queja de público por no haber podido ejercer la libre elección del sistema jubilatorio. Pero cuando se aprobó el régimen de pase a la jubilación estatal, sólo un millón de personas ejercieron esa opción. El resto (9 millones, del cual pagan regularmente algo así como 3,6 millones) se mantuvo en el sistema de capitalización renovando una oposición. ¿No pensó Boudou en este hechocuando respondió que el efecto iba a ser mínimo?
La conversación con el dúo de la ANSeS (Massa, Boudou) ocurrió el jueves pasado, antes de que Eduardo Eurnekian, Juan Lascurain, Carlos Wagner, Jorge Brito y Luis Betnaza mantuvieran una sesión de terapia exprés junto a un grupo de ministros para tranquilizar al Ejecutivo sobre la crisis internacional. Cristina de Kirchner siempre tuvo en el corazón el proyecto de estatizar las jubilaciones pero nunca hasta ahora, cuando ni los republicanos de George W. Bush defienden la iniciativa privada y al capitalismo, habían tenido plafón político para plantearlo.
Esa noche Boudou reflotó viejos papeles de la era Massa, como ese pliego de reproches que lleva el título de «Las promesas incumplidas del régimen de capitalización», una enumeración de los fracasos del sistema. También se analizaron otros escenarios para el mismo propósito: echar mano de la recaudación previsional en montos superiores a los que permite la rutina de venderles bonos del Estado a la AFJP. Caídos los expedientes anteriores para lograr un auxilio a la tesorería del problema (la 125, los anuncios de pagos al Club de París, la renegociación con los holdouts), la estatización de las jubilaciones -proyecto compartido por el oficialismo y la oposición en el Congreso-, todos críticos de la capitalización, parecía un trámite inocuo, o al menos con daños controlables.
En ese debate los informantes de la ANSeS expusieron otra idea para respaldar el proyecto: el sistema de las AFJP venía ya malversado desde su creación; se creó con el propósito de proteger la recaudación previsional de la voracidad del Tesoro, pero sus propios creadores trampearon la idea original y empapelaron, bajo todos los gobiernos, a las AFJP de títulos públicos. La renegociación de esos bonos bajo la era Kirchner fue un negocio ruinoso para los futuros jubilados y los fondos de pensión, que recibieron otra estocada con la crisis global. En ese estado, el gobierno debería en un futuro cercano auxiliarlas, algo que planteó el dilema ideológico: ¿las auxiliaremos o precipitamos ahora el final del sistema? La Presidente no lo pensó un instante, pero tampoco consultó sobre las consecuencias que se verifican en el desfondamiento de los mercados, algo que complica más el proyecto declarado del gobierno de mejorar su relación con el mundo financiero.
Entre el jueves a la noche y el sábado, peña con fútbol y asado en Olivos, ocurrió la decisión presidencial. Ese día, después de la charla de vestuario, Massa y el grupo de ministros que concurrieron escucharon la idea. Discutieron sobre cómo anunciarlo, la Presidente -como se relató- disintió con el jefe de Gabinete e impuso que debía dársele la noticia a los diarios «Clarín» y «Página/12», que adelantaron la noticia en la edición del lunes. En ese largo trámite de una idea sin consulta y sin vuelta nadie les advirtió -que ahora buscan al Lousteau de esta película- que el público reacciona mal cuando le tocan lo que cree es propio, el mercado entiende al revés lo que quiere decirle el gobierno y que esta administración nunca tiene suerte cuando emprende batallas institucionales. Esto es porque afecta lo que cree la gente que es de ella, su dinero y su bolsillo, y quizá no le gusta que estas medidas del gobierno le recuerden que no es del todo así.




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