En Brasil, el dólar cotiza en la actualidad 2,12 reales, 11% menos que a comienzos de 2006 y aproximadamente 18% por debajo del promedio del año pasado. Esto no parece frenar el ímpetu exportador dado que en el primer trimestre las ventas externas crecieron más de 20% frente a 2005.
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Sin embargo, el proceso de apreciación del real, que se inició en mayo de 2004 cuando el dólar cotizaba a 3,20 reales, y que hoy en día acumula una mejora de 34%, está provocando las primeras víctimas. De acuerdo con datos del Ministerio de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior de Brasil en el primer bimestre del año 600 empresas dejaron de exportar.
En realidad este proceso comenzó en marzopasado cuando el flujo de empresas exportadoras pasó a ser negativo.
«La reducción en la cantidad de empresas exportadoras ocurre, fundamentalmente, en la franja de micro, pequeñas y medianas», señalala Asociación de Comercio Exterior de Brasil que da cuenta de que en 2004 este segmento estaba integrado por 6.510 empresas y el año pasado se redujo a 5.939.
Según datos del banco Bradesco, en 2005, unas 951 empresas dejaron de vender al exterior. Es la primera caída desde 1998.
La contracara es una mayor concentración de las exportaciones en las grandes empresas sobre todo del sector derivados de petróleo, siderúrgico, minerales, carnes y automotor. Esto explica por qué no se ha resentido el saldo de la balanza comercial.
Tipo de cambio
En cuanto al tipo de cambio competitivo un sondeo privado entre exportadores industriales arrojó que el dólar debería cotizar como mínimo entre 2,50 y 2,60 reales para poder seguir vendiendo al exterior. De modo que estos exportadores enfrentan hoy un dólar 17% inferior al que requieren para mantener las ventas al exterior.
Frente a este panorama varios optaron por sacar provecho, precisamente, de la caída del dólar para importar componentes y materias primas y así abaratar los costos de producción. Esto ocurre por ejemplo en sectores como la metalmecánica y la industria de transformación de la siderúrgica.
Pero otros sectores, mano de obra intensivos, como por ejemplo el rubro textil y calzado no resuelven el problema sustituyendo materia prima nacional por importada. Estas industrias se defienden relocalizando la fabricación de sus productos, o sea tercerizando la producción. Para ello el criterio de localización es el costo de la mano de obra. Allí entra a terciar la megaoferta laboral de China donde el costo horario de un trabajador brasileñoresulta casi 3,5 veces superior al de su par chino. No debe extrañar que varias de las principales fabricantes de calzado hayan celebrado contratos con compañías chinas. También la Argentina es un destino buscado por las industrias brasileñas, no sólo para abastecer el mercado local sin obstáculos aduaneros sino para aprovechar las ventajas arancelarias de los tratados y acuerdos de apertura comercial vigentes destacándose el de México, Chile, Sudáfrica, Rusia y China. Otros optan por contratar una cobertura financiera con un banco frente a la caída del dólar, y quienes no pueden afrontar este costo pactan un precio fijo con su cliente. En este caso el problema radica en que los precios de exportación han crecido 20% promedio, descolocando así la oferta brasileña. Quienes pueden traspasar este mayor costo al mercado interno aprovechan y los que no, o bien dejan de exportar o ajustan los precios para no perder mercado.
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