La economía brasileña sigue dando señales de fuerte crecimiento. Ayer, fueron los datos de julio de la inversión extranjera directa, que resultó la más alta del año al trepar a u$s 1.600 millones. Es simple la receta de Lula: al empresario que quiere invertir le da seguridad jurídica y beneficios impositivos. Aquí, lo contrario: es usual romper contratos,se imponen desde el gobierno subas salariales por decreto, y a quien gana con lo invertido se lo castiga con más impuestos. Lula desmitificó aquello de que con cuentas públicas ordenadas (con un superávit primario de más de 4% del PBI) se frena la economía: bajó también el desempleo y creció más la actividad.
El resultado del mes anterior mostró una recuperación de la inversión extranjera directa, que en mayo había caído a u$s 207 millones, su menor nivel en once meses.
Los recursos llegados desde el exterior para proyectos productivos han caído progresivamente de u$s 32.700 millones en 2000 hasta los u$s 10.144 millones del año pasado.
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