La economía de Brasil salió de una breve recesión en el tercer trimestre gracias a un aumento del gasto público antes de la elección presidencial de noviembre, lo que sugiere que el crecimiento podría durar poco, dado que Brasilia ahora tiene planes de endurecer su política fiscal.
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La economía brasileña creció un 0,1% en el tercer trimestre con respecto a los tres meses previos, retomando la senda de la expansión después de dos trimestres consecutivos de contracción, según datos oficiales publicados el viernes. La cifra fue más débil que el crecimiento de 0,3 por ciento estimado en la mediana de los pronósticos de 36 analistas consultados por Reuters.
El crecimiento en el tercer trimestre fue conducido principalmente por una fuerte alza de un 1,3 por ciento en el gasto del Gobierno.
Pero ese estímulo se agotará en los próximos trimestres cuando el Gobierno de Dilma Rousseff limite el gasto, para recuperar la confianza del mercado y para evitar que Brasil sufra una rebaja en su calificación de crédito soberano.
A su vez, Brasil acumuló en los primeros diez meses del año un déficit fiscal primario récord de 11.600 millones de reales (unos 4.640 millones de dólares), informó el Banco Central.
En octubre las cuentas fiscales arrojaron un superávit primario, antes del pago de los intereses de la deuda, de 3.700 millones de reales (cerca de 1.480 millones de dólares), lo que supone el primer resultado positivo después de cinco meses de datos deficitarios.
A pesar de la mejoría de octubre, el resultado acumulado en los últimos doce meses empeoró y se situó en un superávit de 28.600 millones de reales (11.440 millones de dólares aproximadamente), equivalente al 0,56 % del Producto Interior Bruto (PIB).
El pasado septiembre, el superávit acumulado en los últimos doce meses se situaba en 31.100 millones de reales (unos 12.440 millones de dólares), correspondiente al 0,61 % del PIB.
Estos son los peores resultados de las cuentas públicas de Brasil desde 2002, cuando el Banco Central inició esta contabilidad, lo que se debe al estancamiento de la economía brasileña, que acumula una expansión del 0,2 % entre enero y septiembre, según datos oficiales divulgados hoy.
La economía de Brasil ha decepcionado desde 2011, creciendo menos de la mitad de su promedio anual de la década previa.
La demanda global de las materias primas del país se ha enfriado, la inflación se ha mantenido obstinadamente alta y la confianza de los inversores empeoró por lo que consideran una intervención excesiva del Gobierno en el sector privado.
Durante el tercer trimestre de 2013, la economía de Brasil se contrajo un 0,2 por ciento. "Técnicamente, sí, salimos de la recesión. Pero en realidad, es un estancamiento", dijo Jose Francisco de Lima Goncalves, economista jefe de Banco Fator.
El gasto del consumidor, que representa casi dos tercios de la séptima mayor economía del mundo, no logró crecer por tercer trimestre seguido y tuvo una baja de un 0,3 por ciento en los meses entre julio y septiembre con respecto al trimestre previo.
La inversión anotó su primer incremento en más de un año. No obstante, el alza de 1,3 por ciento no bastó para compensar la fuerte caída en los tres meses anteriores. Los economistas han estado pesimistas acerca de las perspectivas para Brasil en los años próximos.
Además de los recortes en el presupuesto y las alzas de impuestos que está considerando el nuevo equipo económico del Gobierno, los mercados esperan que los grandes proyectos de infraestructura pudieran verse retrasados o reducidos debido a una investigación policial en la estatal petrolera Petrobras.
Para que la deuda pública se mantenga controlada es esencial que Brasil tenga un crecimiento económico sostenido.
Aunque la deuda neta de Brasil está actualmente debajo del 40 por ciento de su producto interno bruto, las tasas de interés figuran entre las más altas del mundo, actualmente en un 11,25 por ciento.
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