5 de diciembre 2002 - 00:00

Casi no hay fuga de divisas de los argentinos al exterior

Los argentinos ya no fugan sus dólares al exterior. Y no es porque confíen en el gobierno, la economía o los bancos, sino porque las reglas cambiaron. Uruguay ya dejó de ser la "Suiza de América". Los que antes llevaban el dinero a Montevideo o Colonia, ahora no pueden depositarlo en Estados Unidos o Europa, porque deben tener como mínimo u$s 100 mil (algunos piden u$s 50 mil) para abrir una cuenta. Con la devaluación es una cifra inalcanzable. Los que poseen cuentas, no tienen grandes excedentes porque sus ingresos cayeron. Lo que pueden ahorrar al transformarlo en dólares es ínfimo. Por eso, grandes firmas de inversión levantaron sus oficinas de Buenos Aires. No existe más el oficial de cuenta con atención personalizada.

Los argentinos están colocando mucho menos dinero en bancos del exterior. En otras palabras, bajó a niveles mínimos la fuga de capitales. Quien imaginó a activos oficiales de cuenta de firmas extranjeras de inversión, recibiendo dólares a manos llenas de los que salen del «corralito», se llevará una sorpresa. Allí está el ejemplo de Merrill Lynch, que levantó sus oficinas del país ante la falta de movimiento. Ellos envían una vez por semana a sus oficiales de cuenta desde el Uruguay para atender a sus clientes en Buenos Aires. Otras firmas que siguen en el país, redujeron notablemente su estructura. Ya no están en amplios pisos de Puerto Madero o del microcentro.

Sorprende este achicamiento porque es costumbre en la Argentina que cuanto más grande es la crisis económica, más alta es la fuga de ahorros.

Ahora, con el dólar cerca de $ 3,60, les cuesta a los argentinos reunir el mínimo de u$s 100 mil que se pide para abrir una cuenta en una plaza confiable como puede ser Estados Unidos o Europa.
Con el 1 a 1 se necesitaban $ 100 mil para abrir una cuenta, hoy se requieren $ 360 mil.

Las grandes firmas no toman dinero por cantidades inferiores
, de allí que ahora salieron un par de consultoras a bajar los requisitos y se conforman con un mínimo de u$s 50 mil, que es inalcanzable para la mayoría de los ahorristas que desean sacar su dinero de la Argentina.

La debacle de Uruguay cambió las reglas del juego. Los bancos de Colonia y Montevideo fueron el refugio de los pequeños y medianos ahorristas argentinos durante décadas. Pero la crisis de las entidades argentinas contagió a los vecinos y les redujo el sistema financiero a la tercera parte.
Cuando pasó el contagio, dentro del «corralón» uruguayo quedaron atrapados más de u$s 2.000 millones de los argentinos. Una parte la recuperarán a tres años a una baja tasa de interés. Los uruguayos hoy hacen poco para captar nuevos ahorros y vencer la desconfianza de los argentinos. Uruguay tiene bancos sólidos, pero no lo comunican y la gente no lo sabe. Lo que era la «Suiza de América» demostró su vulnerabilidad a los malos ministros de Economía argentinos.

El ahorrista que sueña con Estados Unidos y Europa es el sobreviviente de dos corralones: el de la Argentina y el de Uruguay
. Pero sus ahorros no llegan al mínimo que exigen allá.

Los que tienen cuentas en el exterior desde mucho tiempo antes, no fueron sorprendidos por el «corralón», ya que utilizaban a las entidades locales para hacer una diferencia en pesos, aprovechando las más altas tasas, y después pasarlos a dólares para girarlos a sus cuentas afuera. Tienen una cultura de «capital golondrina» que emigra en cuanto ven venir una crisis. Pero hay otras razones para que la salida de capitales de la Argentina haya disminuido.

• El año pasado se fueron del país u$s 20 mil millones. Es decir, se fue casi todo el ahorro que se tenía que ir ante la desconfianza que inspiraba el gobierno de la Alianza.

• Los que tenían cifras superiores a u$s 100 mil ya lo sacaron del sistema vía amparos judiciales. Los grandes depósitos fueron los favorecidos por estos fallos.

• La mayoría de los ahorristas que quedaron en el «corralito» y en el corralón no supera los $ 30 mil de saldo promedio, con lo que difícilmente puedan abrir una cuenta en el exterior cuando los cobren.

• Una gran parte de los residentes en la Argentina que tienen cuentas en el exterior no genera excedentes de dinero porque cayeron sus ingresos o sus empresas perdieron rentabilidad, por lo tanto no giran divisas.

• Quien pueda tener excedentes, al transformarlo en dólares obtiene una cifra muy exigua, mucho menor a la que conseguía hasta el año pasado. Por esta razón el crecimiento «vegetativo» de estos ahorros en el exterior es el más bajo que se recuerde en los últimos 25 años.

• Los que envían dinero importante a sus cuentas en el extranjero son los que venden alguna propiedad o cobraron algún seguro. La venta de propiedades a precios bajos en dólares está mermando porque los que estaban más apurados ya vendieron. Ante el veranito, muchos optaron por esperar.

• Por otra parte, muchos están trayendo sus dólares para comprar inmuebles a precios de ocasión o para adquirir empresas o iniciar algún nuevo emprendimiento.

• Hasta hace poco se compraban campos con pocos dólares y haciéndose cargo de la deuda que tenían con los bancos. Hoy ya no es posible porque el valor de la hectárea subió acompañando al dólar debido a los mejores precios de la exportación.

• También está el ingreso de los que traen dólares para cancelar sus deudas con los bancos, ya que con los descuentos consiguen cancelar un préstamo de $ 100 mil con u$s 20 mil. En otras palabras, ese préstamo que era de 100 mil dólares y por el milagro de la pesificación se transformó en 100 mil pesos, hoy queda en cero con sólo 20 mil dólares.

Otro detalle: en las anteriores crisis el sistema financiero era muy chico. Por caso, en los '80, los plazos fijos no superaban los u$s 4 mil millones y casi todos estaban colocados a 7 días. En 2000 los plazos fijos se acercaron a u$s 100 mil millones.

Alguien que no es economista,
bien podría deducir de todos estos datos que quedó tan poco en la Argentina que no alcanza para llevárselo al exterior.

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