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Con ello, el PIB argentino acumula una expansión superior al 17 por ciento desde 2002, cuando tocó fondo con una caída del 10,8 por ciento, destaca el balance preliminar de la economía regional presentado por el organismo de Naciones Unidas.
Pare el próximo año, la CEPAL proyecta para Argentina un crecimiento del 5 por ciento.
El desempeño argentino en 2004, si bien muestra un repunte de la inflación (5,4 por ciento frente al 3,7 en 2003), se sustenta en un aumento real de los salarios del 9,1 por ciento, tras caídas del 13,9 por ciento en 2002 y del 1,5 por ciento en 2003.
El desempleo también mostró una mejoría, al situarse en el 13,8 por ciento, frente al 17,3 por ciento registrado en 2003, mientras las exportaciones aumentaron 13 por ciento, desde 33.231 millones de dólares el año pasado a 36.622 millones en 2004.
Las importaciones, en tanto, se incrementaron más del 60 por ciento, desde 18.485 millones de dólares a 27.578 millones en el período, con un gran predominio en las compras de bienes de capital.
La CEPAL destacó que el desempleo -que sigue siendo elevado- descendió a un nivel comparable con el anterior al momento más grave de la crisis, lo que unido al aumento de los salarios contribuyó a atenuar los altos índices de pobreza e indigencia.
La expansión, señala el informe, se vio favorecida por el sostenimiento de una paridad monetaria real elevada y por una mejora en los términos de intercambio.
También, agrega, influyó la percepción de que a pesar de los temas pendientes después de la crisis, como el de la deuda pública, la economía se está normalizando, lo que estimuló las decisiones de producción y gasto.
El saldo comercial volvió a ser positivo, lo mismo que la cuenta corriente de la balanza de pagos, que anotó un superávit del orden del 2 por ciento del PIB, resultado que unido a la tendencia descendente de la salida de capitales privados, generaron un exceso de divisas que fue absorbido por compras oficiales.
La gestión fiscal argentina, según la CEPAL, se efectuó sin sobresaltos y el sector público logró generar un superávit primario que en términos de PIB fue el más alto de las últimas décadas, y se registró además un apreciable superávit financiero.
Esa evolución se sustentó en el fuerte aumento de la recaudación, con significativos incrementos de los ingresos por gravámenes a la actividad interna (hasta octubre, los fondos aportados por el impuesto a las ganancias crecieron más del 60 por ciento interanual y los del IVA en más del 50 por ciento) y sobre las importaciones.
Se observó también, añade el texto, una recomposición del gasto del gobierno, que se mantuvo controlado.
Parte de los activos externos acumulados por entes públicos debió emplearse en el pago de créditos del FMI, en un contexto en que las relaciones del gobierno con ese organismo mostraron altibajos, pese al holgado cumplimiento de las metas fiscales.
El FMI planteó demandas, como la generación de superávit primarios más elevados para el futuro, que no tuvieron el asentimiento de las autoridades, desacuerdo que llevó a la suspensión de la ejecución del acuerdo en curso y a dejar para el próximo año la negociación de un nuevo programa.
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