15 de febrero 2001 - 00:00

Cómo fue Operación Casablanca, que trajo dinero lavado al país

En 1998, en un «accidente», perdió la vida «don Francisco», conocido como «el señor de los cielos» porque sus aviones repletos de cocaína aterrizaban en cuanto aeropuerto clandestino había en Estados Unidos. Los herederos de «don Francisco» (Fuentes Carrillo era su apellido) empezaron una carrera contra contadores y apoderados del cartel por repartirse las propiedades compradas con el dinero lavado.

Uno de los territorios de la disputa, no el más grande, era la Argentina, donde el cartel había comprado propiedades a través de un testaferro de apellido Di Tulio. Jamás imaginó Di Tulio que los 12 millones de dólares que le giraron a través de bancos y los 6 millones que le entregaron en valijas estaban siendo monitoreados y enviados por agentes encubiertos de un organismo dependiente de la DEA norteamericana.

En 1997, a través de la USCS (United State Custom Service), la aduana norteamericana, que entre sus facultades tiene el control del dinero en negro que se gira al exterior, infiltró hombres en el Cartel de Cali y en el de Juárez.

Ellos abrieron cuentas en los principales bancos de Estados Unidos, particularmente en el Bank of America de San Francisco, a nombre de una empresa que bautizaron Income Property. Los narcotraficantes empezaron a darles a estos agentes encubiertos cantidades de dinero en efectivo para que ingresen al circuito. Se estima que en dos años se transfirieron 120 millones de dólares para comprar propiedades en distintas ciudades del mundo.

Bancos líderes

Obviamente, se emplearon bancos de primera línea porque la idea de la USCS era ver dónde recalaba el dinero girado para desmantelar todas las operaciones que se hicieran y debilitar el poder económico de los carteles.

Una de las tantas operaciones se hizo con giros al Citibank de Nueva York, desde el Bank of America de San Francisco y de allí a Mercado Abierto, donde Di Tulio tenía su cuenta.

Di Tulio retiraba puntualmente las transferencias, y los mexicanos jamás imaginaron que serían «mexicaneados». Di Tulio comenzó a comprar propiedades y en todas pedía un sobreprecio que repartía con el vendedor. Por caso, en una de las estancias que costaba $ 5 millones, Di Tulio le propuso al propietario que le hiciera un recibo por 7 millones y se repartían 1 millón cada uno del sobreprecio.

Pero muchas de las propiedades fueron sólo señadas por Di Tulio y convenció a un empresario de Mar del Plata para que pusiera la plata que faltaba, la escriturara a su nombre y después se las revendiera a los mexicanos. Mario Salvia aceptó la propuesta, sin saber que sería el único de los que estuvo en la operación que terminaría preso.

Se compraron varias estancias en Tres Arroyos y Dorrego. Santa Venera, El Espejo, El Estribo y Rancho Grande, que fuera de Juan Manuel Bordeu. En todas se hicieron millonarias refacciones, y los mexicanos que vinieron a ver sus inversiones gastaron dinero en monturas, artículos típicos y mujeres. Una de las mayores proveedoras de mujeres a los mexicanos era Margarita Di Tulio, conocida como «Pepita, la pistolera» que, a pesar del apellido, no tenía nada que ver con el testaferro de la organización ni con los negocios que hacía. Todas las estancias las había escriturado Salvia a su nombre o de sociedades que había creado. Incluso llegó a venderles a los mexicanos una empresa petrolera que tenía.

Los mexicanos venían regularmente a ver lo que creían que eran sus propiedades y dejaron un apoderado de apellido Martínez Ayon, que designó a un abogado argentino, Valentín Grasso, para administrar las estancias.

Cuando murió «el señor de los cielos» empezó una carrera para vender todo y quedarse con el dinero. Comenzó una guerra de extorsiones, denuncias y sobornos.

La tradición del Cartel de Juárez es que línea de lavado que se cae, línea que muere. Entonces, atrás apareció un ejército de personas que quiso apropiarse de lo que pudiera.

Inmediatamente, intervinieron los agentes encubiertos y la causa en la Argentina la tomó el juez Rodolfo Canicoba Corral. Incluso se le tomó declaración a Martínez Ayon, a quien se lo dejó volver a México. Mientras, Di Tulio se fugó y hasta el día de hoy no se sabe de su paradero.

El cuestionamiento se centra en el ambicioso Salvia, que terminó preso, y en Mercado Abierto, por ser receptor del dinero. En Estados Unidos, a la firma que preside Aldo Ducler se le incautaron 1.800.000 dólares, y Ducler tomó como garantía una de las estancias que compró Di Tulio para resarcirse de ese dinero.

Vaciamientos

En el medio, empezaron a desaparecer centenares de cabezas de ganado, y las propiedades a vaciarse. Cada uno se llevaba lo que podía.

Ducler negoció con el Departamento de Justicia norteamericano y consiguió que le devuelvan $ 600 mil dólares. Colaboró con información y logró que se lo declare como operador de buena fe en esta transferencia de dinero del Cartel de Juárez.

Ducler tuvo que explicar en Estados Unidos que su sociedad en las islas Cayman paga impuestos en la Argentina y está declarado en los balances de la empresa. Puso como ejemplo que los bancos oficiales Provincia y Nación también tienen sucursales en Cayman, igual que otros grandes bancos, y que eso no significa que tengan algo que ver con el lavado de dinero, ya que ninguna de las transferencias a Di Tulio pasó por ese destino. El escándalo es aprovechado por la DEA con el fin de presionar al gobierno para que agilice la ley de lavado de dinero, algo que no consiguió con la gestión de Carlos Menem. Algunos legisladores politizan el tema e intentan poner en dificultades al ex presidente a través de la inclusión en la causa del banquero Raúl Moneta.

La historia tiene un final abierto, pero poco de lo mucho que se ha escrito muestra visos de seriedad.

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