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La discusión sobre los controles de capitales puede remontarse a 1957, con el Tratado de Roma firmado por la comunidad europea. Allí se puso como objetivo la liberalización del movimiento de capitales. Hacia los años setenta, Alemania, Holanda y Suiza habían eliminado todas las restricciones, mientras que Francia y todo el sur de Europa las mantenían. En junio de 1988, el Consejo Europeo dispuso que el 1 de julio de 1990 había que liberalizar plenamente los movimientos de capital. Hubo excepciones para España e Irlanda con plazo hasta fines de 1992 y para Grecia y Portugal hasta fines de 1995.
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