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21 de enero 2003 - 00:00

Cómo lograr un dólar estable

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Lo determina en parte porque es conocido que la evolución de corto plazo del tipo de cambio nominal en economías con flotación y fundamentales relativamente bien definidos está bastante influido por el pasado inmediato. Si esto es así para economías estables, imaginemos que en economías donde la gobernabilidad económica y política está en discusión, y existe un margen amplio de configuraciones político-económicas, el riesgo de tipo de cambio real es mayor y la influencia de los fundamentales (si tal cosa puede definirse en un marco institucional precario) es más tenue o incierta, dejando más espacio para que el proceso de autocorrelación (o de dependencia a lo ocurrido en el pasado inmediato) domine el comportamiento del mercado cambiario.



El gobierno tiene una genuina preocupación de evitar que el comportamiento de corto plazo del tipo de cambio nominal debilite la estrategia de estabilización actual apoyada (por razones fiscales) en un tipo de cambio real elevado. Frente a esta situación el gobierno se enfrenta con un dilema de corto plazo de comprar reservas con emisión o levantar las regulaciones que generan una oferta fluida de divisas. Es un dilema de corto plazo porque otras soluciones más estructurales, tales como comprar reservas genuinamente con mayor superávit primario fiscal no son alcanzables en el corto plazo, que es donde se plantea la discusión. Frente a este dilema las recomendaciones se han dirigido al levantamiento de las regulaciones de liquidación de divisas, para evitar una emisión monetaria excesiva, lo cual parece razonable si además con ello se permite ir normalizando hacia lo que va a constituirse en un régimen más permanente con menos controles.

Si bien el movimiento hacia menores controles parece razonable, caben al menos dos calificaciones que sirven para ilustrar el dilema. Estas calificaciones muestran que las soluciones mixtas que combinen ambos instrumentos pueden ser las más adecuadas para el presente contexto, porque permiten por un lado, tener herramientas más efectivas para evitar la revaluación nominal excesiva y porque minimizan los riesgos de una crisis monetaria generada por una reversión de expectativas.



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