La asociación de SanCor con la firma Adecoagro que tiene como accionista principal al magnate George Soros cierra el círculo de las principales lácteas del país: casi todas ellas (menos una) están en manos de inversores extranjeros y/o asociadas a ellos. El sector replica la creciente extranjerización de compañías «buque insignia» de la industria nacional que viene verificándose desde el fin de la convertibilidad. El anuncio del viernes pasado por el cual Adecoagro y SanCor (que procesa 16% de la leche que se produce en la Argentina) conformarán una nueva empresa de la cual la firma de Soros tendrá 62,5% y la cooperativa el restante 37,5% se suma a los siguientes casos:
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La Serenísima, que tiene una «asociación estratégica» con Danone y a la que le vendió toda su línea de « frescos» (yogures). La empresa de los Mastellone procesa alrededor de 12% de la leche del país.
Molfino/La Paulina eran de Gregorio Pérez Companc, quien se las vendió hace un par de años a la canadiense Zaputo, que a su vez destina casi toda su producción a la exportación. Procesan alrededor de 3% de la producción láctea.
Milkaut está asociada a la estadounidense Bongrain. El caso de Milkaut -que procesa cerca de 4% de la leche argentina- es muy similar al de SanCor: se trata de una cooperativa (la AUT, o Asociación Unión Tamberos) que conformó una sociedad anónima operativa (Milkaut SA) y en 2000 vendió un porcentaje minoritario a los fondos Latcap y Patagonia, vinculados al MBA, que el año pasado se la vendió a la láctea chilena Vialat, que a su vez se la habría vendido hace un par de meses a la estadounidense Bongrain.
Finalmente, la última nacional es Williner, que vende sus productos bajo la marca Ilolay. Tiene deuda cero, pero igual que todo el sector, y por imperio básicamente de las políticas oficiales, tiene rentabilidad cercana a lo negativo.
En negro
A esta lista habría que agregar 30% de leche que se procesa fuera de estas empresas, buena parte de la cual se hace «en negro». En el mercado se afirma que buena parte de la muzzarella y los quesos blandos que se venden a pizzerías y almacenes de barrio son operaciones en negro.
Según una fuente del sector, «este gobierno habla de favorecer a las empresas nacionales, pero nos obligan a vender. ¿Cómo hacemos para aguantar años sin utilidades, y con la pesada carga de deudas contraídas en la convertibilidad? Las empresas internacionales tienen espaldas como para aguantar hasta que cambie la marea; nosotros no».
A lo que se refiere el empresario, de manera no demasiado elíptica, es a que las lácteas están sometidas a la doble presión de controles de precios por parte de la Secretaría de Comercio y recargos a la exportación.
Reintegros
Cabe recordar que los lácteos tributaban 5% de retenciones, que se les compensaban con un porcentaje similar en reintegros. Sin embargo, el gobierno -en un intento de frenar la suba de precios- eliminó los reintegros y subió las retenciones hasta 15% (después las bajó a 5% en quesos y a 10% en leche pulverizada).
«Y, es verdad: esas medidas modificaron el plan de negocios que habíamos llevado a los bancos acreedores para renegociar nuestra deuda. Por eso, del pago de capital e intereses que estaba previsto para setiembre sólo abonamos los intereses, y pospusimos el de capital», revela Sergio Montiel, gerente de comunicaciones de SanCor.
La cooperativa ya había alcanzado un acuerdo con sus acreedores (el Citi, el Nación, la BNL, la CFI y el Rabobank, entre otros) por su deuda de unos u$s 190 millones, pero debió volver a sentarse con ellos. Ahora -de concretarse la operación- Soros promete aportar u$s 120 millones, de los cuales u$s 70 millones se destinarán a liquidar deuda y los restantes u$s 50 millones a reforzar el capital operativo. A fines del año pasado, el Banco Central había intentado armar un paquete de salvataje con bancos argentinos, que fracasó, y luego apareció Soros.
En tanto, reconocidos cooperativistas como el banquero Carlos Heller o el líder socialista Héctor Polino salieron a cuestionar la «venta» de San-Cor al financista húngaroestadounidense. «Nadie nos ayudó; es sencillo hablar cuando no hay que poner plata», se encrespa Montiel. En este sentido, reveló que el presidente de la cooperativa, Oscar Carreras, está recorriendo desde la semana pasada «con una recepción positiva» los sitios donde se afincan los productores socios, para explicar la operación. De hecho, y ante la crisis inminente, la asamblea de socios de fines de setiembre le había dado poder al consejo directivo para que buscara socio. Lo encontró.
«SanCor seguirá siendo una cooperativa, pero esta asociación era inevitable si queríamos seguir siendo competitivos. En la década pasada nos endeudamos por u$s 240 millones para ampliar nuestras plantas, construir otras y levantar nuestro centro de distribución en Don Torcuato. Esto nos impone una carga financiera difícil de afrontar en las actuales condiciones. Pero SanCor, como asociación de pequeños productores lácteos, continuará con su estructura actual», asegura Montiel.
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