La Anónima, la cadena minorista de la familia Braun Menéndez, anunció oficialmente una noticia adelantada por Ambito Financiero hace dos semanas: la compra de los supermercados El Quijote. Según el comunicado a la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, Sociedad Anónima Importadora y Exportadora de la Patagonia -tal el nombre completo de la adquirente- pagará u$s 6,6 millones por 100% de las acciones de Supermercados Quijote SA, hasta esa fecha propiedad de la familia Williner. La sede central de Quijote está en la ciudad santafesina de Rafaela, lo mismo que el negocio principal de los Williner: la láctea del mismo nombre, que comercializa sus productos bajo la marca Ilolay. El viernes, en conferencia de prensa que dieron en Rafaela para medios locales ambas empresas, Federico Braun -CEO de La Anónima- adelantó que no se producirán despidos y que por ahora, al menos hasta que en junio próximo se concrete la fusión de ambas sociedades, las sucursales de Quijote continuarán operando bajo esa marca.
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El comunicado a la Bolsa aclara que La Anónima ya pagó u$s 3,9 millones al contado; los u$s 2,7 millones restantes se saldarán en cuatro cuotas semestrales de u$s 675.000 cada una a partir del 1 de abril del año próximo. Quijote tiene siete tiendas -tres de ellas bajo el formato «hard discount», de la marca «Max»- de las cuales tres están en Rafaela, y las otras cuatro en Esperanza (2), El Trébol y San Jorge. La cadena vendida tiene además un centro de distribución en la localidad de Bella Italia, cercana a Rafaela. La compra le agrega a La Anónima una interesante presencia en una zona del país floreciente tanto por el «boom» agrícola como por las empresas autopartistas radicadas en Rafaela que exportan casi la totalidad de su producción (Basso y Edival, por caso). La empresa de los Braun llegará así a 112 sucursales en 57 ciudades; los casi trescientos empleados que «heredará» de Quijote se sumarán a sus ya casi seis mil trabajadores.
En declaraciones al diario local «Esperanza Día por Día», Marta Williner -hasta el viernes CEO de Quijote-, luego de recordar que habían comprado la empresa en 1992, admitió que «desde un comienzo sabíamos que este momento tendría que llegar», en referencia a que su presencia en el sector supermercadista había sido pasajera. Marta Williner deberá abandonar, además, su asiento en la comisión directiva de la ASU (Asociación de Supermercados Unidos), que reúne a casi todas las grandes cadenas del país a excepción de la más grande: Carrefour. S.D.
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