Una secuela del conflicto entre EE.UU. y la Argentina castiga a una reunión, prevista para mañana en el Hotel Alvear, del Consejo de las Américas, ese instituto que en el país ha sido conocido por el padrinazgo de David Rockefeller y, en el plano local, por el empeño que alguna vez tuvo Amalia Lacroze de Fortabat. Ahora, si bien la sigla norteamericana mantiene una poderosa representación, del lado argentino los delegados no registran el peso que antaño tenía la dama cementera. Para colmo han aparecido las rispideces entre los dos países y nadie sabe aún si la concurrencia oficial se hará efectiva y cuál será el rol de los empresarios locales que se imaginaban interviniendo para hacer más razonable el eje Washington-Buenos Aires.
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Hoy, primero, funciona en Montevideo el Consejo de las Américas y, aunque el Uruguay es un país pequeño, la importancia de la reunión fue advertida por sus autoridades: concurren el presidente Tabaré Vázquez, su canciller Reinaldo Gargano y el ministro de Economía, Danilo Astori. La continuidad, mañana, se hará en Buenos Aires y, aunque no desmintieron su presencia, hay dudas en la concurrencia de la primera dama y senadora, Cristina Fernández de Kirchner, el ministro Julio De Vido y la titular de Economía, Felisa Miceli. Los acontecimientos de las últimas horas han preocupado a más de uno.
Sobre todo, a los argentinos participantes del encuentro, oradores, quienes se suponen bien relacionados con el gobierno Kirchner y, ahora, podrían quedar en falsa escuadra si el oficialismo se resiste a participar del cónclave. En esa encrucijada se encuentran empresarios como Carlos de la Vega, Ernesto Gutiérrez, Marcelo Midlin,Clarisa Lifsic de Estol, el encuestador Enrique Zuleta Puceiro, además de representantes de otras compañías como Microsoft o el Deustche Bank. Los organizadores, que ya han llevado a Washington a funcionarios de este gobierno, igual no parecen inquietarse por una posible deserción del oficialismo al encuentro: saben que de la región, tres países ya están con el TLC, un cuarto firmará un camino intermedio (Uruguay), tal vez también Paraguay, mientras el resto permanecerá indiferente hasta que se produzca algún cambio. Lo que no imaginaban era que se espesaran las relaciones que ellos, aseguran, pretenden mejorar.