Ampliar la base de contribuyentes es la primera asignatura

Economía

En una serie de una conocida plataforma de streaming, el actor que personifica al presidente de los Estados Unidos conversa con una empresaria local (contratista del Estado Americano) sobre la posibilidad de proveer determinada tecnología de defensa a un país en desarrollo.

Las negociaciones finalmente son exitosas y la empresa americana logra un contrato con el otro país para suministrar obras y tecnología por 14 mil millones de dólares. En la discusión en privado, la empresaria manifiesta su agradecimiento al mandatario por haber ayudado en la concreción del logro comercial. Allí el presidente la detiene y le expresa: “Lo importante es que luego pagarás 5 mil millones en impuestos que, de otra forma, no pagarías”.

Este concepto, más allá de las aristas cinematográficas, muestra una concepción cultural tributaria. Donde hay un negocio y rentabilidad habrá una impuesto asociado a esa capacidad contributiva. La generación de oportunidades de crecimiento para las empresas del país implica necesariamente mayor recaudación para el Estado.

La escena descripta muestra una verdad de Perogrullo. El Estado y el ámbito privado se necesitan y, en una relación sana, obtienen beneficios mutuos. Cuantas más oportunidades de nuevos negocios o ampliación de los que existen se generan, habrá mayor recaudación.

Técnicamente y dado que la escena se remonta a 2017, la oportunidad de negocios constituye renta de fuente extranjera para el contribuyente de la serie en cuestión y, por lo tanto, sujeta al Impuesto a las Ganancias en el país de residencia. Por su parte, la nueva oportunidad permitirá la creación o ampliación de puestos de trabajo en ambos Estados.

Es claro que los países desarrollados no tienen una economía informal significativa sobre la cual buscar la recaudación perdida. En ese marco, sólo les queda incentivar la generación de nuevos negocios y mayores oportunidades para ampliar la base tributaria.

En la Argentina, en cambio, existe una excesiva presión fiscal sobre el universo formal de contribuyentes que desincentiva la inversión y la generación de nuevos negocios o crecimiento de los ya existentes. La derivación más importante de esta realidad es que la economía informal es cada vez más significativa en proporción al PBI y compite en forma desleal contra el contribuyente que intenta cumplir con sus obligaciones.

En consecuencia, una política tributaria tendiente a incluir a ese universo informal dentro del esquema tributario, permitiría descomprimir al conjunto formal de la economía al tiempo que incentiva la inversión en nuevos proyectos.

Lo contrario genera un círculo vicioso. La excesiva presión tributaria, motiva cada vez más la intensión de “pasarse” al sector informal. Con lo cual, el Estado impone más presión sobre los mismos contribuyentes del sistema y se crean impuestos “ad hoc” para suplir la baja de la recaudación. Ya se ha advertido en una reciente columna que, según el Banco Mundial, el sujeto empresa promedio argentino no obtiene ganancias sobre las cuales tributar el impuesto. En cambio, los tributos “ad hoc” son lo que reemplazan la baja de recaudación. Aquí podemos mencionar al Impuesto “PAIS”, los derechos de exportación, Débitos y Créditos en cuenta corriente, ciertos impuestos municipales que no se corresponden con ninguna prestación de servicios del Municipio y, sobre todo, el impuesto inflacionario. Todas estas imposiciones tienen algo en común. Presumen que el contribuyente tiene capacidad contributiva. Muchas veces, esto no es así y, en consecuencia, se termina minando el comportamiento fiscal y se reciente la cultura tributaria.

Como en la escena referida al inicio de esta nota, es deseable que el Estado y el sector privado contribuyan conjuntamente a la generación de riqueza y oportunidades. El foco debe posarse entonces sobre la economía informal y cómo extinguirla o reducirla a su máxima expresión. Cuanto más progresivo es el sistema tributario, menor será el incentivo a abandonarlo y mayor la posibilidad de integrar al contribuyente informal al conjunto. La creación de este círculo virtuoso supondría un punto de inflexión para comenzar a vislumbrar la salida del “callejón” tributario en el que se encuentran las empresas argentinas.

(*) Socio del departamento de impuestos y transacciones de EY Argentina

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