El gran desafío de ordenar (y conducir) la salida de la crisis

Economía

La crisis socioeconómica local es preexistente a la pandemia. Pero es probable que estemos en los comienzos de la salida.

El orden de los factores necesariamente puede alterar el producto. La crisis socioeconómica local es preexistente a la pandemia, mal que les pese a los cultores de la desmemoria. Transitar esas topografías del pasado no es objeto de esta columna. Más bien, enhebrar una advertencia: es probable que estemos en los comienzos de la salida. Incipiente, raquítica, pero salida al fin, necesaria y hasta repetitiva en sus intentos iniciales. Y ese comienzo está hecho de señales, carga símbolos, rezuma amagues, que el Presidente entiende bien. Solamente a modo de ejemplo, Alberto Fernández se ocupa de jerarquizar esas señales. Habla con el empresariado, revisa cifras, discute deuda y afines con el ministro Guzmán, se involucra (el próximo miércoles participará nuevamente de la reunión del gabinete económico en Olivos), lo hace jugar a su secretario estratégico, Gustavo Béliz. El último jueves, se rodeó de los titulares del G-6.

Hay, sí, una agenda, que también redunda en voluntad política. Tres temas para el Congreso que comenzarán a trabajarse esta semana, la deuda bajo legislación local, la ampliación del Presupuesto y la moratoria. Pero también propuestas que cada sector de la economía empuja, para no perder un lugar en la línea de partida, y que el Gobierno deberá administrar con inteligencia, para no ahogar esos impulsos.

Con todo, ocupa un lugar el debate por la reforma tributaria. Hay ahí una materia que es necesario debatir, desgastar, que refiere a la distribución del ingreso, como si se tratase de un reparto. No se trata de la riqueza que se acumula, el stock de riqueza, sino del agregado de valor que se hace en el momento mismo en el que se produce, una especie de flujo. Un sector del Gobierno infiere, bien, que si se pone la lupa en la parte de ese ingreso que tiene como destino a los trabajadores, eso puede generar mayores dosis de consumo, lo que debería hacer girar la rueda de la actividad. El desafío es enorme, entonces, ya que la crisis toca tanto a la oferta como a la demanda y eso puede ser una oportunidad, o no serlo. También sabe que con menos recursos, va a depender mucho más del sector privado, y que eso depende en gran medida de las señales antes mencionadas. Tendrá que seducir más que decidir.

Por eso es necesario que el Gobierno ordene y lidere esa salida. Eso podría darle la ventaja del intérprete, que participa activamente del diálogo. Sencillamente porque también aquí y ahora hay tensiones, pujas por la forma en la que la economía se manifiesta. A favor tiene el Gobierno que en estas épocas pospandémicas, la demanda electoral de los espacios políticos que quieren darle al Estado un rol protagónico a fuerza de mayores redes socioeconómicas de bienestar se verá incrementada en todas partes y también aquí.

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