El presidente George W.
Bush compartió anoche la
mesa con Cristina de
Kirchner en la cena que
ofreció el secretario general
de la ONU, Ban Ki-Moon. En
el inicio de la jornada, la
Presidente llegó con su
esposo a la ONU, donde
luego pronunció su discurso.
Cristina de Kirchner y George W. Bush compartieron anoche la mesa en la cena de gala que el secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, ofreció -como cada año- a los presidentes que asisten a la asamblea anual. La elección de los integrantes de la mesa principal en el banquete corrió por cuenta del propio Ban Ki-Moon que sentó a su izquierda a la argentina y a la derecha a Bush, acompañados de Shimon Peres, el jefe de la d e l egación china, junto con Pakistán, Austria, Tanzania, Qatar, Liberia y Chipre.
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Fue, quizás, la foto que menos esperaba el gobierno, que se enteró recién ayer de la ubicación que le habían reservado, en un momento en que Bush no aparece como un convidado apetecible no sólo por la imagen con que está dejando el gobierno, sino por la responsabilidad que le achacan en no haber impulsado regulaciones para evitar la crisis financiera.
Como sea, Cristina de Kirchner, que se había negado como en años anteriores su marido a concurrir al cóctel que brindó Bush el lunes a los presidentes de visita, terminó cenando con el hombre a quien horas antes había criticado duramente, aunque sin mencionarlo, en su discurso ante la Asamblea General de la ONU.
Ese mensaje pareció por momentos más dedicado al consumo interno argentino que a los presidentes que la escuchaban en el recinto. Allí volvió a hablar de la operación con los bonistas que no entraron en el canje de deuda de 2005 y la reestructuración de los vencimientos del 2009 y 2010, como ejemplo de la solución de los problemas de la deuda argentina. Como si todos los presentes estuvieran al tanto de la situación de los holdouts, insistió: «Ayer (por el lunes) aquí en Nueva York, en el Consejo de Relaciones Exteriores, he anunciado que la Argentina ha recibido una propuesta de tres importantísimos bancos que representan a tenedores de bonos que no ingresaron al canje del año 2005, y que además proponen hacerlo en condiciones más favorables para mi país, la Argentina, que aquel canje».
Pocos de los presentes entendieron esa explicación, pero sí la crítica al capitalismo estadounidense que siguió en su discurso.
Para algunos presidentes resultó ingenioso que Cristina de Kirchner le hubiera puesto nombre a la crisis financiera de Wall Street, al nombrarla como el «efecto jazz», a diferencia del tequila mexicano, para explicar el «efecto que va desde el centro de la primera economía del mundo y se expande hacia todo el mundo».
Incluso por la negativa, la Presidente consideró a esta crisis una oportunidad para los países emergentes y para volver a cuestionar el «consenso de Washington» que siempre desveló a los Kirchner.
Es claro que la crisis financiera de Wall Street, atizada ayer por las preocupacionesdel mercado sobre la aprobación en el Congreso del paquete de ayuda que anunció el gobierno de Bush, fue el centro de las deliberaciones en las Naciones Unidas. Pero pocos presidentes como Cristina de Kirchner criticaron a Washington por haber impulsado siempre políticas que negaban la necesidad de intervenciones estatales en la economía y ahora producen «la intervención estatal más formidable de la que se tenga memoria», según dijo.
Se sabe que la Presidente y su marido no aceptaron nunca la visión que tienen las calificadoras sobre los riesgos de los países emergentes. Por eso en medio de la «casa del ahorcado», Cristina de Kirchner agitó también esa cuerda: «No va a venir ninguna calificadora de riesgos, tampoco va a venir el Fondo Monetario Internacional a decir lo que tiene que hacer este gran país». Está claro que ninguna calificadora de riesgo va a reducir la nota de los bonos del Tesoro estadounidense; quizás la Presidente no calculó que aún hoy, a pesar de la crisis, siguen siendo la inversión más segura de la tierra.
Por si faltaba alguna otra referencia, acusó al sector financiero de Nueva York de «economía de casino», por haber olvidado la producción de bienes y servicios y dedicarse a la especulación y hasta tuvo tiempo de explicar en el recinto de la ONU lo que significaba la palabra «timba», que utilizó para graficar la crisis.
En realidad, no fue la única mandataria que fue dura con los controles sobre el mercado en EE.UU. Por la mañana, Luiz Inácio Lula da Silva condenó la actitud « irresponsable de los operadores que ha desatado la angustia de pueblo enteros» por lo que «no debemos permitir que el beneficio de los aventureros se privatice y las pérdidas se socialicen», dijo el brasileño.
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