Cristina de Kirchner eligió ayer la distancia y una estudiada frialdad para encarar, o gambetear, el riesgo que supone la nueva protesta de las entidades del campo. No sólo evitó -y evitará- hablar del tema sino que optó por la táctica de la indiferencia. En rigor, la Casa Rosada limitó ayer sus reacciones a las parrafadas, con tono de víctimas y de sorprendidos, de los dos funcionarios -«menores»- que se encargan, luego del estallido por el fracaso de la Resolución 125, de los asuntos vinculados al campo.
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Fueron Carlos Cheppi, el secretario de Agricultura, y en menor medida Ricardo Echegaray, el titular de ONCCA, los que oficiaron de voceros para cuestionar el modo, el tiempo y el sentido, que tildaron de «político», de la protesta anunciada ayer por la Mesa de Enlace.
Es un recurso repetido: desde que se fue Alberto Fernández, la Casa Rosada decidió dejar las negociaciones con el agro en manos de Cheppi. Hasta ahora, más allá de pedidos puntuales, el jefe de Gabinete, Sergio Massa, no aceptó subirse a ese ring tormentoso. Menos, claro, la Presidente, que no volvió a referirse a la cuestión del campo luego de la madrugada fatídica del voto no positivo de Julio Cobos en el Senado que enterró las retenciones móviles. Sin embargo, los Kirchner insisten en subestimar -otra vez- al campo. Ayer, sin embargo, su despacho fue un desfile de funcionarios para evaluar el anuncio de las entidades. Massa, Cheppi y el ministro del Interior, Florencio Randazzo, fueron convocados por la Presidente para analizar y discutir el tema. Desde Olivos, por teléfono, Néstor Kirchner también aportó.
Diálogo difícil
Es un mecanismo recurrente. En rigor, el ex presidente ha sido, en este tiempo, quien trasmitió la postura oficial -sobre todo ante dirigentes de todo el país- sobre el enfrentamiento con el campo. Su pronóstico fue que el tema estaba agotado. ¿Todavía lo sostendrá?
La mirada oficial, experta en otear conspiraciones y complots, entrevió en el anuncio de los chacareros un movimiento orientado a «dañar el buen momento» que, reza la Biblia K, vive el país tras la promesa de reapertura del canje y el pago al Club de París.
Hubo una queja puntual: se apuntó a Hubo Biolcatti, flamante titular de la Sociedad Rural, como uno de los promotores de la protesta. «Quiere estrenar su cargo con un paro», dijeron en Balcarce 50. Puertas afuera, en tanto, la orden fue mostrarse sorprendidos y defraudados.
«El diálogo hay que hacerlo de a dos», dijo Cheppi luego de verse con la Presidente, pero «si hay un sector que declara la protesta y no quiere dialogar, es muy difícil hacerlo». Habló, en paralelo, de motivaciones «políticas» en la convocatoria al paro.
«Ayuda muy poco al país», dijo el secretario de Agricultura, que enfrenta una instancia de tensión con los dirigentes rurales que lo acusan de no poder tomar decisiones porque no sabe hasta dónde puede negociar. Es el modo, obvio pero efectivo, de limitarlo. En gobierno, sin embargo, la orden es precisa, el interlocutor es Cheppi.
«Habíamos abierto la posibilidad para esta semana de volver a reunirnos, pero parecería que hay condiciones políticas que se van dando y que nos impiden continuar con el diálogo», apuntó ayer el funcionario, que aseguró estar «sorprendido» por la decisión de la Mesa de Enlace.
«Nos ha sorprendido muchísimo porque no la esperábamos, sobre todo en un momento en que veníamos dialogando», sostuvo. Parte del simulacro de la sorpresa, Cheppi anunció que la Presidente firmó un programa de créditos para pequeños y medianos productores.
Más explosivo estuvo Echegaray, responsable de la ONCCA, oficina que aparece en las críticas permanentes de las entidades que la acusan de bloquear las exportaciones, sobre todo de carne.
«Esta medida anunciada es irracional a esta altura de las circunstancias, después de los esfuerzos que viene realizando el gobierno nacional», dijo Echegaray y volvió a agitar la acusación según la cual entre 35 y 40% de la actividad agropecuaria evade impuestos.
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