“Analizando otras experiencias de reestructuración de la deuda, se observa que la velocidad del aumento del superávit primario presentada por el Gobierno es relativamente baja”. Así lo afirmó la consultora Quantum Finanzas, luego de que el Ministerio de Economía planteara un sendero de resultado primario que considera para restaurar la deuda, partiendo del 0,9% del PBI de 2019 hasta alcanzar el equilibrio en 2023 y niveles de superávit entre 0,6% y 0,8% en los años siguientes.
Críticas por metas de superávit prometido
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De acuerdo con la consultora, “aun cuando se tomaron una serie de importantes medidas, el resultado previsto en relación al PBI para 2020 no varía significativamente comparado con 2019 debido a la ausencia de ingresos no recurrentes (ventas de activos, entre otros, contabilizados en este año) y a que la proyección de la situación tomando el fin del ejercicio es bastante más comprometida que el promedio del año”.
En esta línea, Quantum comparó el caso argentino con el uruguayo, que pasó de un déficit primario del 0,9% del PBI a uno del 3,5% entre 2001 y 2006, “aunque se deterioró tras la crisis de 2002, producto de políticas tendientes a mitigar sus efectos sobre el sistema financiero y la recesión”. En términos de deuda, la reestructuración de 2003 no incluyó quita de capital ni reducción de intereses, mientras que para el caso Argentino se están hablando de quitas de capital cercanas al 20%, pero todavía no hay información oficial al respecto. Pero, según el informe, “la replicabilidad en Argentina es limitada, principalmente por características y circunstancias particulares que presenta el proceso”.
La consultora que dirige Daniel Marx estimó: “suponiendo que se avanza sobre el sendero definido, resulta importante considerar que, para que el déficit de 2020 sea igual al de 2019, se requirieron un conjunto de medidas para revertir su dinámica”. “El 0,9% del PBI de déficit de 2019 refleja el balance entre ingresos y gastos de todo el año y oculta una dinámica del gasto muy superior en el segundo semestre de 2019 respecto del primero”, señaló. En consecuencia, “la ‘punta’ de 2019 demandaba decisiones fiscales para alcanzar el magro resultado de un déficit primario en 2020 similar al año anterior”, agregó.
Teniendo en cuenta esa inercia, a fines del año pasado se aprobó la Ley de Emergencia. Por el lado del gasto, esencialmente se desactivó el mecanismo de indexación automática de jubilaciones y pensiones (representa más del 60% del gasto primario), logrando una reducción del gasto en términos reales.




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