Washington (EFE) - Los miembros del G-7 se preparan para la reunión de hoy en Washington, en medio de una crisis financiera global sin precedentes y crecientes llamamientos para que los miembros del poderoso grupo mejoren su trabajo «en equipo».
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«Espero que la reunión apunte hacia una acción coordinada», dijo ayer en una rueda de prensa el presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick.
Distintas propuestas sobre la mesa abogan por la inclusión de países como China, Brasil, Rusia y Sudáfrica en un G-7 ampliado. Estados Unidos, el país anfitrión de la cumbre, ha insistido en su intención de estrechar la cooperación con sus socios del G-7 y otros organismos más amplios como el G-20, aunque ha minimizado la posibilidad de que el encuentro de hoy concluya con el anuncio de un plan global para capear la tormenta financiera.
Diferencias
«Cuando uno mira el G-7, vemos países muy distintos, economías de tamaños diferentes, sistemas financieros con necesidades dispares, o sea que no tendría sentido tener políticas idénticas», afirmó este miércoles el secretario del Tesoro estadounidense, Henry Paulson.
En similares términos se expresó el subsecretario del Tesoro estadounidense, David Mc-Cormick, quien adelantó que Washington no respaldará una «solución aplicable a todos», sino unas pautas globales sobre cómo responder a la crisis.
Aun así, la presión para que el G-7 tome una acción decidida ha aumentado ante el persistente nerviosismo de los mercados internacionales, que reaccionaron con bajas al reciente recorte de tipos y a la aprobación del multimillonario paquete de rescate por parte del Congresoestadounidense. La mayoría de los mercados siguió en territorio negativo en medio de la invitación a la calma y la paciencia de los dirigentes mundiales, que insisten en que las medidas aprobadas tardarán algún tiempo en funcionar.
En teoría, los ministros de Finanzas y gobernadores centrales del G-7 hoy podrían dar luz verde a acciones fiscalescoordinadas que permitan el incremento del gasto gubernamental o los recortes de impuestos, complementarias de la reciente actuación en el frente monetario. De todos modos, los observadores señalan que el consenso en temas fiscales es mucho más arduo que en política monetaria.
Estados Unidos, que está considerando la posibilidad de adquirir participaciones en sus bancos, según información divulgada ayer por el diario «The New York Times», discrepa en las propuestas de algunos de sus socios. Así, Paulson se mostró contrario a garantizar todos los préstamos interbancarios, vía por la que apostó el primer ministro británico, Gordon Brown.
La diversidad de criterios no hace más que subrayar los escollos que afronta el G-7 para diseñaruna estrategia común contrala crisis de cara a su reunión de hoy.
A la espera de los resultados de la cumbre, la Casa Blanca anunció ayer que el presidente de EE.UU., George W. Bush, recibirá el sábado en la residencia oficial estadounidense a los ministros de Finanzas del G-7, con quienes hablará sobre cómo la crisis financiera afecta a sus respectivas economías.
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