El circuito perverso que se ha ido descubriendo en Japón impone una realidad del mundo actual que amenaza socavar profundamente los cimientos para entrar al siglo siguiente. Ya no es broma ni «hecho menor» que, además de Yamaichi y su colapso, se agreguen otras tres casas gigantes bursátiles y estando el legendario nombre de «Nomura» involucrado en esto. Para poseer una idea de la dimensión, «Nomura» generaba más negocios ya desde una década atrás que las tres cadenas industriales más grandes de Japón.
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Y su historial es de los más extensos, una especie de nombre simbólico que identificaba a Japón en cualquier lugar del mundo. Pues, a través de tal «arrepentido», se destapó un mecanismo de pagos por «silencio», donde se ven inmersos desde un banco (que facilitaba créditos a este extorsionador profesional) hasta el propio titular de «Nomura», de época reciente, quien reconoció que el fulano ejercía presiones, se le pagaba por callar y hasta resultaba amigo del más alto funcionario de la casa bursátil.
Por otro lado, Occidente no se queda atrás, con revelaciones de la «mafia» en torno de mercados americanos y donde sus reales alcances, seguramente, se irán conociendo a medida que se prosiga tirando de la cuerda. ¿Qué nos queda entre los emergentes?, bien puede pensar cualquier inversor que lee tales noticias, casi como viendo una película al mejor estilo de James Cagney. Es bueno tenerlo presente, porque si se consigue penetrar redes y controles de los «desarrollados», de los gigantes mundiales, no hay nada que impida que se hayan podido mover por zonas menos vigiladas y mucho más ávidas de captar dinero internacional y sus favores. Esa competencia de unos contra otros por hacer que el capital recale, ese destrabar las normas para que cada dinero foráneo se mueva a gusto y placer, haga lo suyo, salga, entre, y nunca se le requiera el origen, ha convertido a muchos mercados en «paraísos bursátiles». Y no estamos para nada fuera de esa figurita, donde rendimos plenamente cualquier «test» acerca de «condiciones ideales».
En el capitalismo actual, desatado totalmente a la búsqueda del «hacer dinero sobre dinero», ya no hay escalas de valores vigentes, más allá de la que indique que traigan su dinero de donde sea. Y son muchos comensales a la mesa de una masa que da vueltas por el mundo y se pinta de color de cualquier bandera. Una cadena que dista de virtuosa, y de donde se continúan produciendo noticias de los «grandes» que deben poner los pelos de punta a los «chicos». Aunque, seguramente, los «emergentes» decidan mirar hacia otro lado...
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