27 de julio 2001 - 00:00

Cupones Bursátiles Históricos

Fecha: 08/09/1998

El entretenimiento de moda, especialmente atractivo para salir en los medios, es colocarle la propia estimación a «la crisis». Y así se ven mediciones y pronósticos que pueden hablar de cinco años, de dos a tres, esto último es lo que más consenso viene logrando. Y ya no están los que decían que esto no era tan grave como el tequila. Sin embargo, alguno de los que mencionaron eso se anotan ahora en el nuevo concurso de pronosticadores. Un buen negocio, ya que se arman «bancas» de juego paralelas por televisión y con aparente impunidad resultaría levantar apuestas como para el mundial de fútbol: hagan juego, señores, «¿cuánto dura la crisis?»

Qué buena utilidad le hubieran brindado a la gente, diciendo: «Ojo, se viene la crisis», cuando era tiempo de poder moverse con cierta tranquilidad. Ahora, no sirven las autopsias, ni repetir cuestiones que todos están sufriendo en carne propia. Y menos todavía sirve arrojar esos pronósticos, que no tienen el menor asidero: porque cuando se dice algo en términos de años, ¿se están refiriendo a la terminación de la crisis o a la reversión de tendencia? Nadie debe esperar que aparezca un día en los diarios la primicia sobre «terminó la crisis», en un día, una fecha precisa. Todo es un proceso dinámico, desde que las capas afectadas en el movimiento se van reacomodando en sus nuevas posiciones, hasta que el suelo deja de estar con lava hirviente y retoma su solidez.

Los mercados, naturalmente «sobrevendidos» ante la época de las bajas, pegan saltos hacia arriba ante cualquier tironeo de demanda que quiera entrar en la etapa de «acumulación», advirtiendo que ya hacia abajo hay poco trecho y que lo peor que puede pasar es descender un poco más todavía. Es más, los hábiles ayudan a deprimir un poco más -con «dos pesos»- para poder barrer cantidades y sin irritar la tendencia hacia el vuelco. Y esto se habrá de producir bastante antes que se salga a decir oficialmente, «la crisis ha pasado».


Sucede que una crisis es un buen paraguas, para cubrir todo tipo de falencias. Total, siempre es posible justificar alguna «chambonada» echando culpas a países lejanos, generadores de la crisis. Los gobiernos también hacen uso de ella, prometiendo más sangre y sudor -y lágrimas- que los realmente necesarios. Una suerte de «colchón», para aplicar medidas que no se podrían tomar en zonas normales. (Pobre crisis, cuántas barbaridades se cometerán en tu nombre...)


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