28 de julio 2001 - 00:00

Cupones Bursátiles Históricos

Fecha: 11/09/1998

«El mercado puede verse como un río», gustaba describir Ralph Elliot el mercado y sus ondas. Ya Dow mencionaba en aquellos editoriales sueltos, que después se unieron como teoría, que todo era como la onda del mar cuando penetraba en la playa. Y colocando un palo, como marca, en la arena, se vería cómo en la tendencia alcista cada ola penetrando cubría un poco más que la anterior, iría marcando cada vez más arriba el palo clavado en la arena. A muchos autores la figura del agua corriendo por mares o ríos, tocando márgenes, la idea de flujo y reflujo de las mareas, inspiraba metáforas que bien se ajustaban para que el lector pudiera interpretar las secuencias.

En el caso presente, con la misma panorámica propuesta por Charles Dow, cada ola llegando a la playa nos dejaría una marca cada vez más alejada del palo de medición, en una clara tendencia bajista que va perforando nuevos pisos aunque produzca algunos altos, o hasta ciertos repuntes convulsivos. Pero la idea a rescatar es que la marea de los mercados, cuando se retira, lo hace solamente hasta la siguiente crecida. Ni mares ni Bolsas se han terminado nunca desde su creación, aunque soportaron climas y zonas especiales de grandes crecidas o agudas bajantes. En las bajas quedan a la vista muchos picos sumergidos, de antiguos navíos que naufragaron si alguna tormenta o bajante los tomó desprevenidos. Muchos audaces yacen allí, hechos pedazos contra las rocas cercanas a la costa, por atrevidos o desafiantes, por creerse «insumergibles».

Pero la crecida habrá nuevamente de taparlo todo a su debido tiempo y solamente habrá que estar vigilantes de esa marca puesta en la playa. La primera ola que quede a la par de la anterior nos dará una buena señal. La que se atreva a estar aunque sea unos centímetros delante de la anterior lanzará la voz de compra.

No crea en pronósticos de años, o meses, porque nadie está en condiciones de profetizar cuándo acabará la zona de aguas bajas. Y es fácil, también, confundirse con reacciones intermedias si no se apela siempre a utilizar la marca en la playa -sólo eso como guía fiable.

No importa el rugir de la ola ni la espuma que levante, o si es más alta que la previa, solamente interesa hasta qué punto es capaz de penetrar en su impulso sobre la arena. Para ello hay que tener la paciencia del pescador, o la del hombre de mar que sólo se fija llegar a una meta. Quizá también por eso la figura del agua -que siempre busca su nivel-también habrá atrapado a los que la usaron en función de mercado. Y tiene sentido. Sí, señor.


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