1 de agosto 2001 - 00:00

Cupones Bursátiles Históricos

Fecha: 29/10/1998

«Soros cierra fondo de mercados emergentes...» Este título dio la vuelta al mundo hace un par de días, sometiendo a otro desgaste al «gurú» que posiblemente resulte más popular por su periódica aparición en los espacios periodísticos. Lo cual le incorpora una doble imposición, a la devaluación, porque quienes mantienen un perfil bajo y se rodean de mayor misterio siempre suelen tener una ventaja para el futuro.

Soros habló mucho, lo peor es que también pronosticó demasiado, intervino en los temas sin que nadie lo llamara y esa exposición permanente lo hizo ser odiado en zonas como la asiática, donde se lo consideraba casi el «culpable» del desastre acaecido. Aparecieron libros sucesivos -firmados por él- y jugó de manera permanente, en los medios, haciendo que su cara resultara tan popular como la de un artista.

Y es que no está solo en la decisión de cerrar fondos o escapar de zonas como la emergente; varios lo han anunciado por estos meses, pero lo de Soros es lo que causa el ruido y ayuda a los demás a pasar inadvertidos.

Sin conocerlo, acaso se le pueda adivinar la personalidad, exuberante y explosiva, para anunciar a todos sus éxitos y aciertos. Rodeado, seguramente, de una corte de aduladores que le hicieron creer que resultaba una especie de «oráculo» de los mercados. Y de allí al estallido de popularidad media un paso, aunque es razonable suponer que ciertos asesores acaso muchas veces le aconsejaron no aparecer tanto en escena y menos cuando el volcán de los mercados estaba bullendo y se hacía casi indescifrable. Pero, a un hombre lanzado y en la cumbre de la fama y el dinero es muy difícil retornarlo a la base.

Sus propios anuncios fueron dando pie a que las comidillas de los ambientes competitivos y feroces de las altas finanzas no se ahorraran deslizar que «el hombre está liquidado...». Siempre hay viejas cuentas por cobrarse o simple empujón para despeñar al que tropezó en la montaña y sacarlo de la competencia. En parte, quizás haya pagado el precio de dedicarse mucho más al estrellato que a vigilar las inversiones, de haberse creído con poderes invulnerables, o vaya a saber qué otro desvío. Lo cierto es que las crisis siempre se cobran víctimas famosas, especialmente aquellas que ocupan el centro de la escena en lugar de mantenerse a buen cubierto. Es todo un caso, que viene bien para que el hombre común recuerde -cuando endiosa nombres- que no hay persona infalible. Y que la fama es puro cuento...

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