3 de marzo 2001 - 00:00

Cupones bursátiles

Tremendo desaguisado en la zona neurálgica de los llamados «precios relativos», se queda como secuela después de dos meses tan opuestos como los vividos en nuestro mercado. Y esto de los «precios relativos» es lo que otorga un principio de orden y prolijidad, necesarias referencias para resolver el siempre intrincado dilema de valuar una acción cotizante. Si es una realidad que valuar una empresa, simplemente como activo en marcha, responde mucho más al arte que a la ciencia: imaginar hasta dónde debe llegar a ser el arte refinado para darle precio a un título en permanente movimiento sobre sí mismo, y girando en torno de los demás. Hasta con empresas de un mismo sector se hace dificultoso establecer un principio conmensurable apropiado, pero dentro de una tendencia más o menos estable en sus ratios y previsible en lo que hace al entorno de una economía, los valores se van alineando casi mágicamente. Nunca existirá la «valuación perfecta», donde cada papel entre a su casillero y se puede decir que está en el sitio apropiado. De ser así, y de saberse, carecería de sentido el mercado y que se basa más en las imperfecciones que en la eficiencia de los intervinientes. Pero, otra cuestión es reunir la hacienda dispersa tras la estampida de febrero, después de venir del aumento de enero.

Están los que quedaron negativo de modo acentuado, están los que perdieron en el mes pero apuntan el positivo por lo ganado el mes anterior. Hay una banda ancha entre unas y otras especies líderes, varias de las cuales pagaron sobrecastigo por su condición de ser bien líquidas y operables en todo momento. Cargaron con parte de la baja de otros papeles, que no ofrecían salida al que quería vender y la orden cambiaba de nombre sin miramientos. Arreglar la casa después de la marea que inundó todo y de la resaca abandonada por las aguas en la bajante, es tarea ardua. Quizá la que mejor premio pueda dejar si se acierta con los puntos que hayan quedado más injustamente desarreglados. Lo que es cierto en el global del movimiento es que flaco favor le hace a nuestro sistema bursátil semejantes golpes de timón y dentro de esa línea de diferencias abultadas. Un disparate, sin mayores explicaciones lógicas. Solamente pensar en algo que se previó y que después vino torcido, o no vino, alguna «precisa» que quedó dibujada en el aire, justificaría haber trepado así en enero -y con vendedores que dejaban subir, sin tomar la utilidad-y haber retrocedido lo andado en el mes siguiente. ¿Dónde estamos parados hoy? ¿Cómo están los precios de unas respecto de otras? El que pueda saberlo, allí tiene el mercado para servirse.


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