20 de marzo 2001 - 00:00

Cupones Bursátiles

«La convertibilidad será eterna...», según dijo Cavallo, mientras -en general- siempre se deja de lado en todas las críticas al modelo, el flanco de la convertibilidad. Pregunta: ¿si es un sistema tan fabuloso, por qué no se ha difundido por el mundo? Nadie lo adopta, todos siguen con el método de lo flexible antes que lo rígido, y nuestro vecino nos viene pasando por encima y haciéndonos temblar, cada vez que el real tiene una nueva paridad. Aceptamos todo tipo de explicaciones, a nuestra ignorancia y respondiendo solamente a esa pregunta: ¿por qué no se ha difundido y adoptado por otros en el ancho mundo? Ni países grandes, ni países chicos, ni poderosos, ni pobres. Ni hemos visto que el Fondo Monetario la haya recomendado para otras economías. Y no hay que ser economista para saber que cuando el bowling fue furor, todo el mundo abría locales para ese juego. Cuando el paddle llegó con todo, barrían las canchas de fútbol para abrir de paddle. Y si un producto pega, enseguida se lo imita para subirse al éxito. Salvo que se nos explique que el mundo es tan bondadoso que nos deja utilizar, «en exclusiva», tal fabuloso sistema, y con el que -ironía- les estamos haciendo un agujero a todos y tenemos una notable presencia en ese mundo. Al momento de escribir esto, vemos al «real» que toca su nuevo máximo histórico: a 2,09 por dólar. Aquí, todo continúa igual. Y oímos al nuevo ministro tranquilizando al respecto. ¿No será que esa convertibilidad es el fetiche, convertido en religión, que nos exige cada vez más sangre, sudor y lágrimas, para saciar sus deseos? Si pusimos esto en la mesa de los «cupones» de hoy, es porque nos llama la atención que atacándose todos los flancos del sistema aplicado: expresamente hay mancomunión para decir: «Che, nene, de eso no se habla...».

En fin, estamos haciendo letra bastante antes de ver qué pasó con las medidas anunciadas. No podemos imaginarnos a la Bolsa del lunes, la de ayer, porque es tan espeso el chocolate que no nos da para ninguna hipótesis. O si existirá, como en la asunción de López Murphy, alguna «ayudita» y cordón de seguridad para poder decir que el Señor Mercado respaldó tal, o cual cosa. Encrucijada muy temible, porque hay una caldea abajo que cada vez bulle más, y las consabidas propuestas de: «Ahora será duro, pero más tarde creceremos» -típica de los economistas que han pasado por cargos altos-, cada vez tiene menos crédito, en la materia que más se agotó en estos años en nuestro país: la paciencia de la gente. Ya no hay un año, ya no hay seis meses para acomodarse, ya se discute la permanencia cuando todavía no entró en funciones. Es todo un simbolismo, de una Argentina sufriente y que posee mil soluciones en las mesas -de todos los que hablan en público-y fracasos rotundos en las prácticas. Cruzar los dedos, vieja y única fórmula aplicable...

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