24 de marzo 2001 - 00:00

Cupones bursátiles

El miércoles, cuando se supo que el ministro Cavallo iba a delinear contenidos de su ley de competitividad (un modo marketinero, sin dudas, de querer sorber del éxito de la convertibilidad, por asociación fonética), la última parte de los mercados mostró una suba del riesgo-país -a nivel López Murphy-y una Bolsa que pasaba por encima de esa «extraña» mejora aislada en la plaza clave de Pérez Companc, ampliando su magnitud de baja. Dos días con Cavallo, dos días con bajas. Esto no es opinión, es estadística, y así pasa a la historia. Una hora más allá, el ministro arrancaba su mensaje volviendo al marketing y recordando que hacía diez años, en estos días, de cuando se sancionara la convertibilidad. A partir de allí, una serie de menciones lógicas, y otras traídas de las bridas, sobre la expresión ley de competitividad: para instalar a fuego la marca en el mercado. Todo sumamente estudiado, aunque ejerció un estilo Martínez de Hoz: tal vez, el más grande orador económico, quien jamás utilizaba escritos y apabullaba durante horas a la audiencia mencionando medidas, cataratas de cifras, todo a pura memoria espectacular. Sus discursos en la Bolsa resultaron memorables, por cuanto siempre la cena comenzaba hacia la medianoche, dado el largo de sus discursos: y siempre sin escritos. Cavallo apeló al recurso de hablar sin acartonamiento, mirando a la audiencia, y para dejar, de un modo muy perfilado apenas, ciertos puntos de las bases que se propone para el lanzamiento.

Al pasar, se metió en algún lógico «jardín» -el riesgo de no tener escritos-y dejó sentada la «sobrevaluación del peso argentino». De inmediato, insistió con el tema para arreglarlo y esperanzar con que «se corregirá sólo cuando las monedas depreciadas recuperen». De paso, hablando de un dólar también sobrevaluado. Dejó sentado que vuelven impuestos a los cheques, de donde financiaría las mejoras para la industria y el agro: transferencia de recursos, saliendo del bolsillo ciudadano para permitir la rebaja empresaria. Pero, su celo en dar algo más (de lo que insiste en que no es un plan), y con apenas algunas normas, que indudablemente no solucionarán nada de fondo: acrecientan la impresión de querer seducir a legisladores, para conseguir un año de carta blanca y -recién con eso hacer surgir las verdaderas medidas. Hay mucho más detrás de este Cavallo puesto a media marcha, con motor regulando, y que debería poseer -sin excusas-la luz verde absoluta para que se pueda llegar a emplear. El «Señor Mercado» está sumamente desconfiado, le dio dos días de bajas y de riesgo-país ardiendo, a quien se trajo como figura salvadora. Lo que debe estar poniendo en una realidad al ministro, acerca de que el escenario es muy distinto del de 1991 y que él ya es muy conocido: dos contras que no tenía. Por supuesto, con esto, Bolsa con tendencia al garete.


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