28 de marzo 2001 - 00:00

Cupones Bursátiles

Debemos agradecerle a Crónica TV la posibilidad de haber podido seguir, paso a paso, las distintas ponencias en la Cámara de Diputados respecto del tratamiento de la delegación de poderes. Gracias a ese canal privado, quien quisiera podía tener acceso a un abanico de opiniones y distintos ángulos, de un tema que es hoy fundamental para la vida de la República. Gracias a esa iniciativa de Crónica TV, se pudo solucionar la vergonzosa ausencia del canal estatal -«Canal 7»-, que seguía dedicado a su programación habitual y cuando es dable pensar que ya que insume tantos costos gravosos a la población nacional, llevaba la obligación de estar transmitiendo en directo y de modo permanente esa histórica sesión de la Cámara. Algo que bien podría algún funcionario, con dos dedos de frente, reclamarles de viva voz a las autoridades de canal estatal: de paso, para no dejar en el aire una duda que bien podría tener asidero y que pasa por no transmitir ciertas acentuadas críticas a autoridades, de parte de los legisladores. Lo que resultaría, claro, un objetivo mucho más mezquino que la simple falta de haber hecho silencio, sobre lo que se estaba tratando. Un canal que posee la virtud, tal vez la única que le queda, de barrer el país de punta a punta, le negó la posibilidad a la población de enterarse cómo se debatía en Diputados. Obviamente, porque hace al espíritu argentino, el rating no hubiera sido mucho: porque son muchos lo que prefieren entretenerse con el Oscar o el fútbol. Y, al otro día, salir a opinar en el aire y a meter a todo el mundo en la misma bolsa. Así somos, pero peor seguiremos siendo, si el menú no se ofrece en la mesa. Con que un mínimo de ciudadanos se hubiera podido enganchar en la sesión, al menos se podría ir cerrando la enorme brecha que separa a nuestro país de los verdaderos valores de una democracia. Interesarse por la cosa pública, tener argumentos para saber de qué se trata, oír puntos de vista a favor o en contra. Y, de paso, darse cuenta de que -como mosaico de la misma sociedadlos legisladores tienen en sus filas a gente valiosa, a voluntariosos, a obsecuentes, o a mediocres. A través de las exposiciones, de los argumentos que se llevaban, de la expresión, se podía ir separando unos de otros.

Al día siguiente, se leían las siempre estúpidas encuestas: «¿Qué opina, señor, hay que darle poderes a Cavallo?». Y la conclusión: «La opinión pública está de acuerdo, en un equis por ciento, en que se deben dar...». De ese modo tan superficial seguimos tratando todo en nuestro medio, y seguramente son muchos los que prefieren no invertir unas horas de su entretenimiento, oyendo exposiciones sobre una de las horas más difíciles del país, pero dispuestos a «opinar a fondo» sobre cuestiones que apenas sospechan. No queríamos dejar pasar estos «cupones» -extra Bolsa-sin agradecer a ese canal privado, abominar al estatal y esperar que algún día se pongan las cosas al derecho, en un país que persiste en moverse al revés. Todo esto, aunque no se lo crea, también refleja en una Bolsa: simple esencia de conclusiones humanas sobre futuro.

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