«El ciudadano argentino, en el reino de los sapos vivos»... un excelente título para hacer una película, falta quién la financie, y que bien podría superar a «9 Reinas» en lo ingenioso de su trama. Lo mejor es que no hay que inventar nada, la imaginación no se pone a funcionar, se toman los casos de la vida real y se los corporiza. Tenemos la idea, nos falta el capital. El drama de muchos cineastas. Por lo cual, le dejamos la inquietud a quien se dedique al cine -tenga el que lo respalde-, para filmar pasajes de nuestra vida diaria. Ejemplos últimos, solamente de un día, el martes pasado: Toda una parodia montada, con funcionarios haciendo cara de respetar las leyes y formas y ultranza -porque para eso somos tan democráticos y éticos-donde el ciudadano argentino asistía a reportajes a Roque Maccarone, ya asintiendo que aceptaba el ofrecimiento, cuando otros funcionarios de alto rango afirmaban que recién el Presidente evaluaría el informe de la comisión y a partir de ello tomaría una determinación (era como para decir: viejo, vendéme todo). Más tarde, conferencia de prensa muy puntillosa, con legisladores y jefe de Gabinete, diciendo el ciudadano argentino que se respeta íntegramente la autonomía del Banco Central. Pero, como los sabuesos legisladores habían estado tan celosos en su tarea de preservar eso, se iba a cambiar una palabra de uno de los artículos de la carta orgánica del Central: donde se leía que el sistema de encajes «deberá» cambiarse... en adelante tendrá que decir «podrá» cambiarse. Por supuesto, a esa exigencia profunda legislativa se consentía en bien de proteger la «autonomía» de la entidad. Daba ganas de decir: viejo, vendéme en descubierto... Por allí, en la misma tarde, tomaba gran repercusión que le harían juicio a Menem -por «traición a la patria»- en función de haber dicho que había que comprar dólares. Una cláusula impresionante, que nunca se utilizó, con cientos de hechos que parece que la hubieran merecido: pero que se quiere aplicar ante lo que no deja de ser una opinión (desagradable, intencionada) que probablemente no tendría ninguna cabida si otro político relevante, hubiera dicho por caso: compren euros. Pero, está bien, esto denota cuán celosos de nuestra patria seguimos siendo los argentinos. No hay dólares paralelos, no está prohibido comprar dólares, se ha incitado permanentemente a tomar créditos en dólares, y a nadie se le ocurrió que eso fuera una «traición a la patria». Por allí, en un sugestivo recuadrito, y en medio del lío aparecía la noticia de un nuevo aumento de la nafta (inadvertido) y al ciudadano se le puede hacer la idea que está pagando el impuesto al cheque de otros, en cada gota de su sufrido tanque. Todo esto, en un día, bastante...
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