15 de mayo 2001 - 00:00

Cupones Bursátiles

Se aspiraba a que con la excepción del impuesto al cheque para el sistema bursátil se pudiera recuperar el ritmo de volúmenes anteriores: esto sería muy promisorio si se hubiera generado un sesgo de gran importancia, pero ya veníamos en caudales apenas mediocres y cifras puras, para las locales no pasaban de los 20 millones de pesos en muchas ruedas. De todos modos, si lo que aparecía como milagro se dio, al menos es una mala de menos, entre tantas de más.

El escenario parece ahora jugado, en el gran tablero de la economía del país, a esa tentativa de Cavallo por procurarse aquello que le fuera expresamente denegado en las agrias discusiones sobre la ley de competitividad en el Congreso. Quienes pudimos seguir los discursos -gracias a «Crónica TV»- recordamos que las mejores piezas oratorias (Lamberto y Carrió) se basaban en no dar consentimiento para que la deuda se pudiera respaldar con recaudación. La sala atronaba de aplausos tras esas alocuciones, momento donde los representantes del oficialismo -sabiendo que eso no pasaría de ningún modo- recompusieron la ley y quitaron el pedido. Pero, pasaron un par de meses y hubo que ver en los medios que Cavallo, quien previamente acumuló más organismos bajo su tutela, resurgió con la iniciativa y se dice que con la supuesta anuencia de los que se opusieron fervorosamente. No en los nombres propios, pero sí en cuanto a los partidos a los que pertenecen o pertenecían.

Cuanto menos, el asombro. Pero, tal vez resulte la explicación sobre por qué se extendió el que parecía veloz arreglo de refinanciamiento («con los nueve bancos que se ofrecieron...», decían) y no hay que ser un pícaro para advertir que al equipo económico lo tienen contra la pared, refinanciar pero con «garantía real» detrás. Nos hace acordar tiempos donde los únicos créditos que se seguían dando era contra activos, como YPF u otras empresas públicas, porque al país como tal ya no querían darle nada. Esto es de una gravedad como para poner los pelos de punta, nos estamos subiendo a una nave, cortando amarras y sabiendo que no hay retorno definitivamente. Lo extraño es que no hay polémicas encendidas, sobre qué significa que una nación deba garantizar sus papeles de deuda directamente con la caja. Y alguna caja, como las jubilaciones, que en realidad es de la gente. Cada vez más complicado para ver y proyectar el futuro argentino, deja a la operación bursátil ceñida al corto plazo y anulando una inversión más larga. Otra búsqueda de golpe de efecto, entre tantas que han venido fallando, cada vez más alta la apuesta, cada vez más poder en un hombre, cada vez más la búsqueda del «elegido» con el destino de todos en una mano.

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