Florencio Escardó resultó una figura de incidencia, dentro del periodismo de unas décadas atrás. En realidad, mencionado con su verdadero nombre alcanzó importancia dentro de la medicina pediátrica. En lo que hace a su otra faceta, su seudónimo de Piolín de Macramé (lo que ya constituye una exquisitez, al elegir semejante nombre) hizo mucho ruido desde una columna pequeña, más pequeña que ésta quizás, y escribiendo todos los días lo que se titulaba simplemente como «Oh...» (cada día, desde la contratapa del diario «El Mundo», se incorporaba el tema del día, detrás de la exclamación de base). Tantos otros miles, como nosotros, tratábamos de no perdernos columna de Piolín de Macramé que conllevaba, de paso, un muy eficaz estilo de telegrama: empleando frases cortas, sin otra puntuación que los puntos y seguido, o punto y aparte. Estilo que, hecho en una columna seria, ciertamente afea y mata al idioma, resultó todo un estilo y muy original, que realzaba la obra. Un ejemplo de hoy, sería el modo de hablar de Neustadt -también muy eficaz para televisión-que al utilizarlo en lo escrito pierde toda gracia, deja a las frases rígidas y marchita todo el ritmo y cadencia que se logra en el castellano. Pero, más allá de esta evocación a un hit de los '70, lo traemos a Escardó-Macramé porque en cierto punto escribió esto: «Los niños son un producto de la sociedad de consumo. Cuando nace un niño nace un consumidor. Y el que no nace es también un consumidor. De anticonceptivos». Resulta la definición del consumidor, llevada a su mínima y más sintética esencia. Con el toque humorístico y profundo sobre el que no nace, e igual consume... Pues, he aquí lo que falta. Y lo que sucede hoy en el país, que lleva justamente la imagen inversa: «Cada suspendido, cada cesante, es un consumidor que muere. Y aun cuando no haya sido suspendido ni expulsado, es un consumidor muerto. De miedos». Lo encomillamos para resaltarlo, no sabemos si Piolín de Macramé aprobaría el parafraseo que hicimos, de sus párrafos sobre el consumidor que nace. Se han venido estudiando todas las posibilidades para seguir exterminando consumidores, en lugar de analizar cómo hacerlos nacer. El gran drama del empresario pasa por la carencia de demanda interna, mucho más que por la tasa de interés o la falta de crédito. ¿Para qué quiero crédito, si no tengo a quién venderle lo que produzco? Y cada año que pasa, es una nueva caída en las facturaciones.
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Lo vemos de pleno en la Bolsa, donde también se han ido muriendo los consumidores de papeles privados, exterminados por una tendencia que no puede dar la vuelta. Acaban de entregar un trabajo aconsejando medidas (no lo recibimos todavía, se olvidaron de nosotros) y sospechamos que todo será en vano: a menos que entreguen la fórmula, para hacer nacer consumidores de los productos bursátiles. Informate más
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